Nuevamente, Cotopaxi hace noticia desde el rebautizado ‘Centro de Privación de Libertad Cotopaxi No. 1’ (CPL) por decisión autónoma de un grupillo de cabecillas de bandas, cuyos centros de operaciones se encuentran nada menos que en los recintos carcelarios de ‘máxima seguridad’ con todas las garantías de protección de sus derechos, establecidos en normas nacionales y supranacionales, como la Carta Fundamental de los Derechos Humanos, firmada por Ecuador. 

Han transcurrido siete eternos años soportando los efectos de una grosera decisión, autoritaria, del Gobernante de turno, quien en desesperado afán de apuntalar la campaña de reelección del alcalde Barrera, tenía que sacar del Distrito Metropolitano de Quito el tristemente conocido Penal García Moreno. Esos afanes politiqueros se vieron truncados por la negativa de moradores de todos los cantones de la región, que no aceptaron el soborno de 30 milloncitos de dólares ofrecidos. Se optó por adquirir 40 hectáreas en Poaló, que fueron ocupadas por los valientes moradores de Maca y no permitieron que se consume el atropello.

Obsesionado por sacar el tugurio del centro de Quito, ‘su majestad’ dispuso que se construya el CRS para la Región Sierra Centro en los predios de la Brigada Patria, disimulando la traición con rótulos que hablaban de un proyecto habitacional, con el contubernio de Gobernador, ‘ministros y todos los lacayos del poder, que no estaban dispuestos a poner en riesgo su puestito, prefiriendo cerrar los ojos para hacer el juego a sus amos, incluyendo la autoridad municipal de Latacunga, cuyas aspiraciones de reelección se fueron al traste.

Penosamente, es la población que se asienta en el área de influencia del malhadado centro de privación de libertad, la que ha vivido expuesta a los riesgos que genera hacia el EXTERIOR, donde no existen condiciones siquiera de MÍNIMA SEGURIDAD, pues se puede observar unas pocas cabezas de ganado pastando en los abandonados campos que lo rodean. No existen luminarias, cámaras, vallas, obstáculos, garitas, cerramientos, personal de seguridad, canes, ni nada que haga suponer la existencia de una estrategia de aseguramiento de la población asentada en la zona.

Este centro es una bomba de tiempo con varios posibles detonantes que se encuentran en manos de PPL, quienes de forma autónoma deciden el momento en que les conviene armar una gresca, en la forma y con el objeto que ellos decidan, hasta que su propia voluntad les lleve a dar por terminado el incidente, dejando una estela de muerte, agresiones a otras PPL, guías penitenciarios, policías, personal administrativo, familiares en visita, abogados y cualquier otro inocente que por mala coincidencia se encuentre en sus instalaciones cuando se inicia la sublevación.

El pomposo nombre de ‘’cárcel de máxima seguridad’ proviene del diseño que obedece a un centro de privación de libertad dotado de modernas instalaciones con dispositivos electrónicos, diseñados para países desarrollados, pero muy pocos de estos elementos funcionan, gracias a la manipulación de sus huéspedes. Este diseño fue copiado de la Cárcel de La Roca en Guayaquil, para ahorrar recursos, con una capacidad de 4800 PPL. La realidad es que alberga  a más de 5200 al momento, incluyendo personas con detención preventiva, prisión en firme, de alta como media y baja seguridad, lo cual incluye a personas que han cometido faltas menores.

La realidad ha superado la expectativa teórica de quienes diseñaron el lugar. Pero lo más preocupante es la exposición al riesgo, que vive la población civil en sus alrededores. La presencia de visitantes vinculados a las bandas alojadas indebidamente en el CPL, sumado al peligro de contaminar el área con los efectos derivados, la han convertido en una zona de peligro con mínima seguridad.

¡DEMANDEMOS SEGURIDAD EXTERNA! (O)