El 9 de noviembre de este año falleció Monseñor José Mario Ruiz Navas, a la otoñal y fructífera edad de noventa años. A sus 38 años, fue ordenado sacerdote en Roma, el 17 de abril de 1954. Luego de mucho tiempo dedicado enteramente a sus labores, la Santa Sede le designó Obispo de Latacunga, el 12 de enero de 1969; y, finalmente, el 8 de diciembre de 1989, Arzobispo emérito de Portoviejo.

Nació en Pujili el 20 de junio de 1930. Fue indiscutible protagonista de un verdadero e histórico acontecimiento para Latacunga y provincia de Cotopaxi, puesto que se constituyó en el principal y hábil gestor para que su Santidad Juan Pablo II -canonizado en 2014-, la incluya entre las ciudades a ser visitadas en su viaje pastoral al Ecuador en 1985. Entre otras razones de tipo religioso, social y humano supo demostrar -con el aval de la Dirección de Aviación Civil- que nuestro aeropuerto era muy seguro y apropiado para que aterrice la aeronave que lo transportaría.

Este suceso, único y trascendente, quedó grabado en el alma y corazón de muchos católicos, cristianos y población en general, por la extraordinaria figura del Papa quien, gracias a su indiscutible carisma, irradiaba sublime energía, confianza y amor. Para su visita, había conformado una comisión de apoyo integrada por personalidades representativas y enteramente comprometidas con este propósito, a fin de asegurar que este evento tenga cumplida realización, como en efecto la tuvo.

Como hecho singularmente anecdótico, vale recordar y compartir que, ante el pedido de Monseñor Ruiz Navas, canalizado a las correspondientes instancias del Vaticano, a través de la Nunciatura Apostólica, posibilitó que mi hermano Germánico sea considerado -y finalmente escogido-, para conducir al Santo Padre en sus recorridos, nada más ni nada menos que en el criollo “PAPAMOVIL”, construido por el señor Enrique Arcos Chávez y financiado por la empresa INDULAC de Cotopaxi.

Este gesto, obviamente, fue consecuencia de una amistad entrañable, pues confiaba ciegamente en una persona que debía reunir muchas e indiscutibles cualidades morales y méritos personales. La silla que utilizó su Santidad en aquella ocasión la conserva la familia Naranjo-Coronel como un gratísimo e invaluable recuerdo.

Monseñor Ruiz Navas llegó a ejercer varias veces la presidencia de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, máxima autoridad eclesiástica del país. No estuvo libre de recibir cuestionamientos del poder de turno por sus actuaciones e ideas manifiestamente sociales.  Además de sus tareas sacerdotales incursionó en el periodismo, al mantener hasta hace muy pocas semanas una columna en el diario “El Universo” de Guayaquil, opinando sesudamente sobre diversos temas del acontecer nacional y mundial.

La familia Naranjo Iturralde le recuerda con singular gratitud, por las demostraciones solidarias que tuvo, puesto que ofició una misa íntima en ocasión de las bodas de oro matrimoniales de nuestros amadísimos padres, y, además, en las solemnes y sentidas misas de honras fúnebres por el fallecimiento de nuestro padre Trajano Naranjo Jácome y hermano Trajano.

Los últimos diez años los pasó en la misma ciudad que lo vio nacer, terminando así sus dedicados y valiosos días.(O)