Centenares de comerciantes informales se aglomeran diariamente en la ciudad.

A cinco meses de asumir la alcaldía de Latacunga, Byron Cárdenas, tiene propuestas,  pero ninguna  clara, sobre cómo se enfrentará el comercio informal en la ciudad.

Hace más de cinco años, cuando Patricio Sánchez, asumió la alcaldía de Latacunga, coordinó acciones para censar a los comerciantes informales propios y foráneos que trabajaban en Latacunga. El actual alcalde, Byron Cárdenas, también realiza un censo, que aún no concluye.

Sectores como la Avenida 5 de Junio,  Amazonas, Antonia Vela y el Terminal Terrestre, son espacios en los cuales las personas que se dedican al comercio informal, han hecho suyos. Se comercializa ropa, zapatos, juguetes, comida, hasta electrodomésticos; entre otros artículos.

La Comisaría Municipal realiza controles, especialmente en los días más conflictivos; viernes y sábados. Sin embargo, no se logra reducir el número de comerciantes informales, que provocan el malestar de los formales, según los cuales, sus ventas disminuyen por efecto de los primeros.

A eso se suma, denuncias ciudadanas que aseguran que donde están los vendedores ambulantes, se “camuflan” los delincuentes; ladrones de celulares, carteras y demás.

Cárdenas detalló que esperan contar con el censo, para saber cuántos son, de dónde, qué venden, entre otras señas que permitan ofrecerles espacios para que formalicen sus ventas; Mercado Mayorista, plazas Canadá, San Sebastián,  Mercado Pichincha, entre otros, que podrían albergar un tope de 800 vendedores.

“Queremos agruparlos, para que ellos también presenten sus propias opciones”, aseguró Cárdenas, quien apuntó a la posible creación de un Mercado que pueda recibir aquellos comerciantes informales que no pueden o deseen vincularse a los espacios antes mencionados.

Aún no cuentan con un lugar específico, pero tentativamente podría construirse cerca del estadio La Cocha en el barrio del mismo nombre, o por el sector de El Niágara; las propuestas son varias, pero deberá llegar a consensos antes de definir los lugares.

La otra cara

Blanca T, tiene 39 años, es viuda y madre de cuatro hijos de entre 8 y 19 años; vender fruta de temporada en las cercanías del Mercado Cerrado de la ciudad, es lo único que le permite enfrentar, en cierta medida, los gastos del hogar.

La mujer oriunda de Belisario Quevedo, está consciente de la molestia que causan los comerciantes informales, pero asegura que desde su realidad le sería imposible poder pagar arriendos y los demás gastos que involucra tener su propio puesto de venta.

Llamó a las autoridades para que diseñen alternativas que no sean muy agresivas con los que menos tienen.