Nos referimos al clima reinante. En efecto abril fue de aguas mil, mayo fue hasta que se pudra el sayo; pero en junio siguen las aguas del cielo. Recordamos que el Shairucu estaba cubierto de cebadales, entonces se esperaban las cosechas en tiempos de sol para cortar las espigas y dejar los rastrojos para que se quemen en San Pedro y San Pablo en la plazuela de San Sebastián.

Pero ahora los tiempos están cambiados; las aguas del cielo no descansan y las cosechas de las espigas se prolongan hasta que el sol lo permita.(O)