La crisis sanitaria en Ecuador ha dejado en evidencia que la prioridad del gobierno ecuatoriano se centra en los intereses económicos de los poderosos, el servilismo internacional quedó evidenciado al atender con diligencia una deuda externa inmoral y a nivel nacional al aprobar una ley que viabiliza despidos, rebajas de salarios, flexibilización laboral y grandes beneficios para inescrupulosos que se disfrazan de empresarios para seguir medrando de los recursos del pueblo.

La gran franja poblacional denominada clase media, compuesta por familias que dependen de un ingreso mensual para subsistir,  ha sufrido hoy la sentencia sin piedad del despido masivo de 180 852 ecuatorianos, otros miles vieron disminuidos sus ingresos y a más de cuatrocientos mil ecuatorianos se adeuda sus haberes.

Para los pobres, aquellos que viven el día a día,  el comercio informal se ha visto incrementado por la necesidad de quienes perdieron su empleo y han pasado a engrosar las filas de los que se han visto obligados a perderle el miedo a la pandemia porque corren el riego de morir de hambre; otro sector fuertemente golpeado es el campesino, la situación es desesperante, ya que al no haber circulante no hay compradores y cuando entregan sus productos a los intermediarios reciben ingresos que no justifican el esfuerzo diario ni garantizan su subsistencia.

El bono para los pobres no es ni siquiera un paliativo a las angustias del día a día, ya que las necesidades superan con largueza la caridad que llega a cuentagotas a unos cuantos.

Sin embargo, la que parece gozar de una robusta salud y bonanza es la corrupción de políticos inescrupulosos que sin sonrojarse roban a diestra y siniestra, se pavonean y exhiben sus vínculos que los vuelven intocables y todopoderosos, frente a una débil y poco eficiente administración de justicia.

El panorama es catastrófico, y no se divisa ni siquiera una leve luz al final del túnel, ya que los más de veinte nombres que suenan como aspirantes a la primera magistratura, representan a los mismos sectores que por años han saqueado al Ecuador.

Oscuros nubarrones se presentan en el horizonte, miles de jóvenes sin esperanza es probable que tomen la ruta del autoexilio, obligados por la necesidad, eso hará que una nueva oleada de emigración forzosa los lleve -una vez más- a formar parte de los parias de este planeta, a tener que aguantar abusos y vejámenes lejos de la patria. Hasta cuándo en mi Ecuador del alma se truncan sueños colectivos, tenemos un país rico en recursos naturales, biodiverso, con gente trabajadora, buena y esforzada, pero que ha sido asaltada por una mafia de políticos serviles de una argolla económica generadora de profundas inequidades. Es necesario de una vez por todas sacudirse de este pestilente mal e inaugurar una democracia verdadera que permita vivir en paz.(O)