Luego de que la semana pasada, todo el país presenció la peor masacre carcelaria de la historia, en la Penitenciaría del Litoral, los cotopaxenses vivimos con la incertidumbre de que un capítulo de esa naturaleza se repita en nuestro territorio. Tan solo meses atrás, se dieron ejecuciones de esa naturaleza, pero no de la magnitud que se dio en el Guayas, pero la diferencia fue que aquí, más de 100 reos se fugaron, poniendo en riesgo la vida de mucha gente de la parte rural, que fue por donde emprendieron su marcha.  

A pesar de que se destruyeron cámaras, inhibidores y una serie de elementos de seguridad necesarios, para la seguridad del lugar, los mismos no han sido repuestos hasta la fecha.  

Se hizo el anuncio de que se invertirían grandes recursos en la rehabilitación carcelaria del país, pero aquí, por lo menos no se ve nada todavía, hay que tomar en cuenta que cada minuto que pasa en ese lugar, es la cuenta regresiva del reloj de la bomba, que en cualquier momento se puede activar, es por eso que no se debe dejar pasar más tiempo, la intervención debe ser inmediata.  

Recordemos que semejante cantidad de reos, viven en condiciones absolutamente precarias, sin los servicios básicos completos, con tan solo dos horas al día de agua, es absurdo pensar que en medio de semejantes condiciones, en una cárcel tan grande, ni siquiera se cuente con un sistema de limpieza efectivo, todos los reos votan sus desechos biológicos por las ventanas, esto podría ser otra bomba de tiempo, que en cualquier momento podría desatar una crisis sanitaria, que podría involucrar a las ciudades aledañas a este reclusorio.   Definitivamente no puede seguir funcionado de esa manera este reclusorio, se debe buscar alternativas inmediatas, como la reapertura del Penal García Moreno, para recortar el inmanejable hacinamiento, que mantiene al sistema penitenciario del país en jaque mate.