. Niños, jóvenes y adultos padecen esta acción al celular. J.P. LA GACETA

La nomofobia es la adicción al celular; anula la comunicación dentro del núcleo familiar.

Julián Endara tiene 27 años, cuenta que no puede estar sin su celular, la ausencia de éste, ya sea por olvido, batería baja u otras causas le produce: angustia, miedo, e irritabilidad. Cuando Julián tiene su móvil a disposición lo revisa como mínimo cada 10 minutos o menos, de acuerdo a los expertos el joven padece “Nomofobia”.

“La nomofobia significa tener un miedo irracional a estar sin el celular, es prácticamente desconocido, pero en la actualidad la mayoría de la población joven lo padece”, comentó Anabel Pacheco, psicóloga.

De acuerdo a la experta la nomofobia es nociva para la fluidez de la comunicación interpersonal, muchas veces el nomofobico prefiere comunicarse por medio de las redes sociales disponibles en su smartphone que con las personas reales que tiene a su alrededor.

Este padecimiento que trajo la tecnología de la modernidad, afecta la normal convivencia del núcleo familiar, “las principales víctimas de la nomofobia son los adolescentes y las mujeres”, señaló Pacheco.

Los adolescentes debido a que nacieron con los celulares, forman parte de sus vidas, y la adicción en las mujeres se origina debido a que su estructura cerebral les procura una mayor necesidad comunicativa y necesidad afectiva que a los varones.

“Se ha vuelto cotidiana la imagen de las madres que tienen en una mano a su bebé y en la otra su móvil; es triste y cada vez más común”, comentó la socióloga Mayra Torres.

Según Torres la nomofobia es más destructiva de lo que parece, los niños perciben el desinterés de los padres a quienes ofrecen más atención de su móvil “estamos a las puertas de una generación rebelde, fruto del desinterés y desamor de sus padres”.

Los expertos recomiendan hacerse un autoanálisis, probar qué tan capaz es de estar separado de su móvil y durante cuánto tiempo, si siente ansiedad, lo prudente es que acepte su padecimiento y autoayudarse.

Una vez aceptado el problema, es conveniente empezar con ejercicios de desvinculación del móvil paulatinamente; primero unos minutos, luego horas y si es posible días.

“Usarlo sólo lo necesario, aún estamos a tiempo de frenar una adicción que puede causar más daño que las drogas, pues sin saberlo todos estamos inmersos”, finalizó la psicóloga. (I)