En una noche cualquiera de noviembre, los compañeritos de la Asamblea Nacional se revistieron de valor y tomaron el cayado para “hacer justicia casa adentro”, seguramente para ganar protagonismo en la lucha contra la corrupción que impera, luego de la larga década perdida. Digno de análisis este comportamiento individual y colectivo. Escuchar la formulación de cargos y la defensa de las imputadas, fue un desagradable ejercicio obligado, en respeto al debido proceso. Se escuchó una interminable lista de acusaciones mutuas, donde a ratos no se diferenciaba la acusada de la acusadora. Se involucraron a parientes, amigos, subordinados, jefes y partidarios, pretendiendo confundir actos censurables, ilegales, inmorales e ilegítimos, con el sacrificio por el bien superior de la sociedad. Las acusadas amenazaron frontalmente a sus juzgadores, como sugiriendo que si caen, no van a caer solas. Una telenovela mediática que causa estupor.
El primer caso involucra a una “Madre de la Patria”, que casualmente pasaba por un centro carcelario, en el que se encuentra una testigo clave en el proceso por plagio que se abrió en contra de insignes miembros del gobierno de las “manos ardientes”. Atendiendo al llamado de su conciencia, decidió hacer un acto de caridad e ingresar subrepticiamente para ofrecerle el apoyo incondicional que, desde las alturas del poder, se le había negado a una servidora pública que cumplió órdenes para ejecutar un plan diabólico de secuestro a un infiel de la cruzada revolucionaria que imperaba. Su solidaridad le obligaba a ofrecerle defensa, asilo, dinero y quien sabe qué más, a cambio de “editar” el guion de su versión. Esto se llama OBSTRUCCIÓN DE LA JUSTICIA en el Derecho Romano, desde hace más de dos mil años. Es una falta más grave que el acto que se pretende ocultar, y es sancionado con unas vacaciones, con todo pagado, en el sitio de descanso de otros vidrios. Pese al berrinche que armaron sus compañeros de travesuras, recibió la notificación de despido intempestivo y marchó.
El segundo caso refleja un episodio que, por lo visto, se ha generalizado en varias agrupaciones políticas, secretamente a voces. Se trata de una compañerita alterna que fuera elevada a principal y tuvo la audaz iniciativa de poner a consideración de quienes prestaban sus servicios “lícitos y por mérito propio” alrededor de su curul, las angustias económicas personales y de su círculo familiar, para que ejerzan los votos de solidaridad juramentados cuando tuvieron el acierto de sumarse al proyecto político perverso, cobijado bajo el sugestivo nombre de socialismo del siglo XXI. Naturalmente, tuvo el acierto de aclararles que la ayudita no podía ser consignada en su cuenta personal, pues era “elemental” saber que sus ingresos debían ser justificados centavo a centavo y ¡así no es la cosa! Tampoco el depósito de la contribución voluntaria podría depositarse en una cuenta del partido, porque… ¿eres o te haces? La platita se necesitaba para solventar problemas económicos causados por el esfuerzo en llegar al puesto que ahora beneficia a sus contribuyentes.
Pero como esta generación de ayuditas no era suficiente, se complementó con una agencia virtual de empleo, que se abrió desde la campaña y no tiene intenciones de cerrarse. La propuesta al interesado era: pague una cuota de entrada y se inician las gestiones para conseguir el empleo soñado. La defensa, que más parecía acusación, reclamó con grito en pecho, que se le demuestre “qué gestiones había hecho para conseguir el empleo ofrecido”. Porque nunca las hizo. Mientras que el cobro de las colaboraciones voluntarias para pagar las deudas, NO está sancionado en la Ley. ¡Caso cerrado! Segundo despido intempestivo.
Así es como quedamos huérfanos de dos madres que nunca olvidaremos. QEPD(O)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

3 × tres =