Con motivo de celebrar los primeros 201 años de Emancipación Política, debería realizarse la conocida parodia de la Santísima Tragedia o simplemente Mama Negra, como se lo ha venido haciendo, con algunas interrupciones, desde noviembre de 1964. 
Lamentablemente, la agresiva pandemia provocada por el SARCOV 2 que produce la letal enfermedad COVID 19, impide que se realicen estas demostraciones culturales populares que alegran el espíritu y hacen más llevaderas las penas que ponen a prueba nuestro amor por la vida y reafirman nuestra identidad. En estas circunstancias, extrañaremos su ausencia y al menos podemos recordar lo importante que es en nuestro paso por esta tierra mashca.  

A manera de ligero preámbulo, es necesario exponer que la tradición de la Mama Negra en nuestros tiempos, organiza dos celebraciones similares:

LA MAMA NEGRA DE SEPTIEMBRE: Es un AUTO SACRAMENTAL que se realiza el mes de septiembre de cada año, cuyo origen es la fiesta instituida en 1742 en homenaje a la Virgen de las Mercedes por doña Gabriela de Quiroz, propietaria de las haciendas Cunchibamba y Molinos en el barrio Caliente de Latacunga, según investigaciones de Eduardo Paredes Ortega, historiador de Cotopaxi y Latacunga. La Virgen fue proclamada “Nuestra Señora de las Mercedes Patrona contra el Volcán” por los latacungueños en ese año… según Rodríguez de Ocampo. La celebración la organizan devotos y donantes del Salto y vivanderas del mercado de la Merced. Se trata de una celebración de carácter religioso y mantiene, en buena medida, las tradiciones originales.

LA MAMA NEGRA DE NOVIEMBRE: Es un AUTO TEATRAL que se realiza con motivo de las celebraciones cívicas por el aniversario de independencia de la ciudad de Latacunga el 11 de Noviembre de 1.820, desde 1.964 por iniciativa de los moradores del “Barrio Centro” de la ciudad de Latacunga; divertimento éste, adoptado con un sentido de responsabilidad ciudadana, con la finalidad de destacar la importancia de la primera festividad, adaptándola a requisitos mínimos, por razones de una celebración y efemérides patria para atraer el turismo a la ciudad, de modo tal que las conmemoraciones cívicas no pasen desapercibidas en el contexto nacional, como lo describe Leonardo Barriga López (La Mama Negra y el Folclore).

Con el permiso de mis apreciados lectores, considero indispensable agregar un elemento clave para entender la razón de esta iniciativa, más aun considerando que ya existía la comparsa que se realiza desde el siglo XIX y atrae muchos devotos y turistas locales. La celebración de la fundación de la capital ecuatoriana, San Francisco de Quito el 6 de diciembre de 1534, se venía realizando sin mayor trascendencia ni involucramiento popular a inicios de los años sesenta. El cotopaxense Francisco Salvador Moral, de quien me honro ser su hijo, resolvió presentar una comparsa de danzantes de Pujilí, de donde es oriundo, en el desfile de los “chagras” que festejaban a su capital, la víspera de la gloriosa fecha, es decir el 5 de diciembre del año 1963. Desfiló vestido con el atuendo original, junto al hasta hoy muy reconocido conjunto de timbales y pingullos de Julian Tucumbi y su incondicional pareja Panchita, causando los imponentes danzantes gran admiración, con mucha gallardía y originalidad, siendo galardonados como la mejor comparsa.

Complementariamente, presentó Paco Salvador una veintena de bandas de pueblo escogidas entre los más tradicionales pueblos andinos, para que alegren las vísperas y despierten el espíritu de los quiteños y visitantes al celebrar el día de su nacimiento. Fue como una chispa que encendió la mecha quiteña y se regó en cuestión de horas por toda la comarca, logrando el objetivo de poner a todo mundo a bailar y cantar a Quito en sus barrios, en un ambiente de camaradería que siempre habitó en el corazón de los chullas, esperando el detonante, que finalmente llegó. Todos a bailar música ecuatoriana y entonar bellas melodías que nos han acompañado por siempre, era la consigna. No puedo dejar de mencionar que esta última estrategia buscaba posicionar el nuevo licor PAICO que amenizó la velada, dejando un recuerdo imborrable en la mente de quienes disfrutaron con absoluta espontaneidad aquella verbena.

Mirando la gran acogida que tuvo la fiesta relatada, los jóvenes mashcas decidieron motivar a los habitantes del Centro de Latacunga para ponerle alegría a la celebración del 11 de noviembre de 1964, que no pasaba de actos formales organizados por el Municipio. Improvisaron una comparsa BURLESCA de la formal celebración religiosa de Septiembre, vistiendo de manera divertida a unos personajes escogidos de entre los mismos organizadores, y alegraron las calles céntricas de la ciudad, invitando a salir y manifestar su alegría, al son de tonadas ecuatorianas. Muy bien recibida fue la propuesta.

Los años pasaron y el interés por esta festividad original y distinta a las que se realizan en las capitales serranas, fue creciendo y alcanzando gran prestigio en todo el país e inclusive fuera de sus fronteras, hasta acumular un número de espectadores que a decir de la autoridad Municipal que la organiza, ha superado los doscientos mil visitantes y los seis mil participantes. Han transcurrido 57 años desde la feliz iniciativa con pocas interrupciones. La capacidad de convocatoria ha crecido, a pesar de las limitaciones entendibles que provocan las masivas concurrencias, lo que demanda una reingeniería de su organización, para proyectarla de la mano de un amplio plan de fomento turístico.

La Mama Negra, manteniendo una identidad claramente diferenciada de otras manifestaciones similares, representa en un mega evento las mejores danzas, música, canciones, gastronomía, loas, anécdotas, limpias, atuendos, costumbres, todo en medio de un ambiente de alegría que contagia. El interés por estas demostraciones culturales no solamente existe el día que se organiza el desfile. Bien puede atraer turistas todos los días del año, preparando para ello coreografías, exhibición de trajes, videos, fotografías, recuerdos, artesanías, réplicas de los múltiples personajes, paseos, visitas a sitios emblemáticos, etc. lo cual sería único en el país. Para esto, desde hace tiempo se hace evidente la necesidad de organizar un Comité Permanente, autónomo, que lleve adelante esta organización, trabajando todo el año para ello, en un ambiente de iniciativa privada, alejado de la influencia política del Municipio de Latacunga.

Volviendo al tema central de este documento, es justo resaltar el mérito de quienes, ostentando su calidad de ciudadanos querendones de su terruño, sintiendo profunda identidad con ella, tomaron la iniciativa de organizar una comparsa improvisada pero sentida, para ponerle una nota de alegría a la celebración que desde 1820 se realiza con civismo. Esto demuestra que los cotopaxenses tienen madera de emprendedores y un largo camino por recorrer. ¿Cuántos otros emprendimientos latacungueños hemos ignorado? Quizás esta reflexión nos induzca a abrir los ojos y “mirar” con atención todo aquello que nace en esta bendita Tierra, y seamos abiertos de mente y corazón para recibir las propuestas de nuestros paisanos para apoyarlas con convicción.

La pandemia nos ha dejado varias lecciones de vida. Identificar lo nuestro y darle un espacio especial, puede ser un comprometimiento que nos haga crecer. Las banalidades vienen y se van. Lo que abrigamos con afecto, permanece en nosotros y nos enriquece. Vivir en un país mega diverso es un privilegio. Hacerlo en Latacunga, es una gran oportunidad para vivir feliz.

¡VIVA LATACUNGA LIBÉRRIMA!