Los supuestos representantes del pueblo están haciendo amenazas con movilizaciones, ahora dicen que el presidente Lasso ha hecho caso omiso a las advertencias de las diferentes organizaciones, que las protestas podrían terminar en un nuevo capítulo de octubre del 2019.
Sin duda que en la actualidad nadie apoya una nueva paralización de la nación, un acto que terminó desgastando aún más nuestra frágil economía, un tema que no tiene coherencia con las duras circunstancias que atraviesa el Ecuador, comenzando por el desempleo, gracias a los excesivos paternalismos, que únicamente favorecen a los más pudientes y no al pueblo con desnutrición que es a donde se pretende atacar, quitando los famosos subsidios, que empobrecen aún más a la Nación.
Existen muchas aristas que ahuyentan el trabajo de las personas mayores de los 40 años, como lo es la ley patronal, una legislación que fue creada, antes de que existieran los beneficios jubilares del IESS, es por eso que ya no tiene razón de existir y como lo ha dicho el ministro Donoso, más bien es una dura traba, que impide la contratación de personas mayores.  
Estos temas, son utilizados como pretexto, para hacer plataforma política de algunos vividores. Por suerte el Presidente actual cuenta con una alta aceptación, a esto se suma el cansancio y el enojo de la capital de los ecuatorianos, que no quiere saber nada, de una nueva destrucción de su patrimonio, también está el golpeado bolsillo de los ecuatorianos luego de la pandemia, que no tiene tiempo ni paciencia, para aguantar otros quince días de paralización, el pueblo necesita trabajar, necesita producir y para esto se requieren medidas duras, de las que la mayoría de ecuatorianos están pidiendo a gritos que se den para poder acceder a un trabajo, sin tanta complicación, como sucede en la actualidad, que lo único que se ha conseguido es ahuyentar a los inversionistas y la empresa privada, el resultado de la ideología del socialismo del siglo XXI está a la vista, somos un país empobrecido con cerca del 80 % de desempleo y sin recursos para afrontar la crisis, por los más de 70 mil millones de dólares que se llevaron descaradamente, los supuestos defensores de los pobres.