Más de una vez he escuchado sobre los retos, problemas y cambios de las nuevas generaciones. Sin duda los jóvenes de hoy en día están expuestos a una gran carga de información. Ahora con solo un click es posible acceder a libros y datos que anteriormente nos tomaba horas en la biblioteca. Mientras que el copy – paste ha facilitado la transcripción de textos y los calambres de manos, propios de tanto escribir.
Por otro lado, como fruto de aquella libertad de acceder a cualquier tipo de información; ahora se habla con mayor frontalidad temas que antes eran considerados como tabú. Ya no hay vergüenza ni resistencia para hablar de sexo, orientación sexual, drogas y alcohol. Parecería que las etapas ya no se viven siguiendo el curso del tiempo y la naturaleza, ahora los niños actúan como jóvenes, mientras que los jóvenes pretenden ser adultos, con la única diferencia que no asumen las responsabilidades correspondientes. Se aferran entonces a la exigencia, la libertad, la prepotencia y la rebeldía.
Vengo de una familia donde la mayoría de integrantes por décadas han dedicado su vida a la docencia. Se ha hecho normal en las reuniones familiares llegar al tema de la educación y del cambio generacional, algo que ellos corroboran con hechos y claros ejemplos. Con nostalgia recuerdan aquellos tiempos donde el respeto primaba, donde el maestro aún tenía el rol de autoridad para poder educar y contar con el apoyo de los padres de familia para fortalecer las enseñanzas y de ser el caso también corregir comportamientos. Hoy en día esto ha quedado en recuerdos.
Comparto que el sistema y las políticas actuales incentivan el cuidado y protección de los niños y adolescentes. Por desgracia hemos llegado a un extremo donde se ha perdido la objetividad; los derechos de los niños y adolescentes están siendo utilizados como una herramienta de manipulación y excusa para justificar el mal comportamiento de los niños y jóvenes.
Un familiar muy cercano me comentaba que en su clase debido a que la gran mayoría de niños tienen celular desde pequeños sus habilidades motrices son escazas o nulas, por lo que había visto necesario enviar ciertas tareas especiales a casa que contaran con el apoyo de los padres. Un niño en particular no había realizado ninguna de las tareas, por lo que la maestra llamó a su representante con la finalidad de motivar al pequeño a realizar los ejercicios. La madre llegó con una actitud a la defensiva y manifestó que ella no disponía de tiempo para realizar ese tipo de actividades y que tampoco iba a obligar a su hijo algo que no quisiera.
Estoy completamente de acuerdo del rol fundamental que tienen los maestros en la formación de los niños. Sin embargo, ¿qué sucede cuando este proceso es contradicho por los mismos padres? ¿Qué tipo de ciudadanos y profesionales se espera a futuro con este tipo de ejemplos?
Comprendo que nos encontramos en una época donde los padres trabajan en horarios más extensos con el afán de solventar las necesidades de su hogar y en cierto modo el tiempo con sus hijos es cada vez más limitado. No quiero pecar de pesimista, pero es evidente que la ausencia de los padres y la compensación de ese tiempo a manera económica, está teniendo sus repercusiones. Más allá del comentario casi general de los maestros, es evidente que se está construyendo una generación dependiente, inútil y rebelde que carece de responsabilidades y sólo está acostumbrada a recibir.
La formación de jóvenes y niños es una responsabilidad principalmente de la familia, donde prevalezca el amor pero también de la disciplina y el respeto. Sólo de esa manera se formarán profesionales y ciudadanos responsables y fieles a sus valores.(O)

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