Este martes diez de marzo dejó de ser un día cotidiano cuando se anunció que el presidente de la República, Lenín Moreno, se dirigiría a la nación y como un aliado sin compromiso de los dueños de las gasolineras, les repuso las pérdidas de octubre al regarse el rumor y expectantes de los comentarios de muchos políticos de la posible subida de los precios de los combustibles, la población decidió llenar los tanques de sus vehículos, en muchos lugares llegando a realizar filas de hasta un kilómetro de distancia para conseguir el combustible a precio reducido.

El gobierno decidió no topar este tema tan sensible de la sociedad y apostó a seguir ahorcando sectores que no se encuentran organizados para exprimir un poco más de dinero a la economía escasa de circulante y con déficit en ventas, el ejemplo es el pago del uno por mil a la facturación del año dos mil dieciocho y que se cobra en función a las ventas de este año durante tres años, pero no se cobra en función del año pasado, es decir que para empresas que no pudieron cumplir sus metas en los dos siguientes años, sin importar esto tienen que pagar ese impuesto (o como quieran llamarle) y desembolsar dicho valor. Sin embargo, el problema estructural persiste y es la gran masa salarial y de gasto que la inmensa burocracia estatal demanda, y la verdad no me refiero al recorte vitalicio a los expresidentes de la República, ya que este importe es una gota en el océano de gasto del estado obeso.

Cuando se habla de una reducción de gasto en el sector gubernamental se nos viene a la mente una reducción de empresas y oficinas estatales que no tienen funciones definidas y productivas, es el ejemplo directo de la UAF (Unidad de Análisis Financiero), que pudiera ser un departamento dentro del SRI (Servicio de Rentas Internas) y se podría eliminar una institución con cientos de burócratas y las alertas y datos se pudieran canalizar a través del SRI, ya que los formularios tienen datos similares con otra presentación.

Parece que al equipo económico del gobierno se le acabó la imaginación para aumentar los ingresos de las arcas estatales, tal como el economista Richard Martínez decía cuando pertenecía a la banca privada, y decide a través de impuestos cubrir los déficits actuales. Reducción de sueldos a los funcionarios públicos, porque eso significa la medida, pero seguimos con personal innecesario en las instituciones estatales, Incremento de impuesto a la renta a las empresas, Reducción en compras públicas, cuando el gasto estatal es bastante bajo actualmente, en especial con las empresas nacionales.

Es una pena apreciar un gobierno débil, sin imaginación a la generación y motivación de inversiones, solamente la oferta de créditos para exportadores que se encuentran en problemas puntuales por motivo de la contracción global del mercado, pero seguimos sin abrir más frentes de exportación.  

Débil, en tomar una decisión con imaginación sobre el tema de subsidios a los combustibles ya que, con el precio actual del petróleo, el precio de la gasolina es bajo, lo que pudo reflejar un impacto más moderado en la liberación de valores, procesos con imaginación, como por ejemplo subsidiar un cincuenta por ciento del valor de los combustibles para de esta manera acostumbrar a los ciudadanos a la fluctuación de valores e ir reduciendo este importe de a poco en el tiempo. Sin embargo, la decisión es compleja, ya que en el fatídico correato  los precios de los vehículos fueron distorsionados para mantener esta subvención y hoy por hoy este sobreprecio a los automotores ya no alcanza para el pago de los subsidios.

Débil, al demostrar que todos los delincuentes que cercaron ciudades infundiendo terror, destruyendo espacio público y agrediendo a ciudadanos, siguen por todo el país haciendo campaña política amenazando todas las semanas con nuevas movilizaciones, lo que nos ha entregado un panorama de que, manifestaciones existirán cuando se topen nuevamente los intereses económicos de los financistas de octubre del dos mil diecinueve y no cuando unos dirigentes sin un apoyo notable lo anuncien sin causar ecos en las calles.

Lo cierto es que los números del gobierno no alcanzan para cubrir su déficit, sumando a esto que los desembolsos del FMI (Fondo Monetario Internacional) están en riesgo, lo que significará que en un par de meses más saldrá todo el gabinete como robot con discurso repetitivo, diciendo que no van a afectar a los más pobres y que se inventan un nuevo impuesto para solucionar los próximos décimos a los empleados estatales sin querer entender la realidad y hacer una autoevaluación sobre las fórmulas aplicadas estos tres últimos años; hago uso de una frase de Albert Einstein que dice: “No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo”. (O)