La figura de Gobernador designado por el presidente de la República como su representante personal ante la colectividad provincial, ha mutado desde esta interpretación, hasta convertirse en un instrumento político cuya principal responsabilidad es cuidar de la imagen del Gobierno, en la persona de su primer Mandatario. Esta función la cumplía el Jefe político, que ha pasado a ser, meramente, un “copiloto” del capitán de nave, con funciones debilitadas.
Desde hace varias administraciones, Cotopaxi ha sido bastante mal atendida en la designación de su Gobernador, pues ha tenido varios improvisados y otros “encargados” del puesto, que han permanecido en funciones por varios meses, sin que se encuentre reemplazo o han terminado principalizándose a la cansada. Esta forma de nombramiento es una demostración de debilidad política y una falta de respeto a la ciudadanía, que no lo merece. Ha sido una tónica generalizada, tener funcionarios que se dedicaron a cuidar el puesto.
Con estas consideraciones, observamos, con beneplácito, que se ha designado Gobernador en la persona de un joven político de profesión, con formación académica para ello, que tiene el reto de demostrar que la juventud está en plena capacidad de tomar el timón político y conducir su gestión, alineada con los altos intereses de la colectividad cotopaxense, sin descuidar sus obligaciones como funcionario del Gobierno presidido por el Presidente Lenin Moreno. Suena inalcanzable, pero es posible, y en caso de lograrlo, será beneficiario el primer Mandatario, como responsable primario de los éxitos de su gestión.
Es oportuno cerrar filas junto al nuevo Gobernador y poner sobre el tapete los problemas locales desde la participación ciudadana, con el objeto de definir los grandes objetivos que aspiran sus habitantes, para trazar una hoja de ruta que permita alcanzarlos. Esta debe ser una “construcción colectiva”, de la que seamos parte todos los que aspiramos a ser beneficiarios de sus éxitos. La actitud debería ser de aportar el esfuerzo individual y colectivo para potenciar nuestras capacidades, dejando atrás las lamentaciones, para concentrar la energía en lo que tenemos por delante, seguros que somos capaces de construir un futuro de prosperidad, con seguridad, salud, educación, en un entorno que nos motive a vivir con alegría y orgullo de habitar esta Patria chica.
Teniendo muy presente las competencias que le corresponden al Ejecutivo, podríamos hacer un alto en la confrontación y búsqueda de culpables, para identificar las raíces de los problemas y esbozar las soluciones posibles y viables. Deberíamos cerrar filas para hacer realidad esas aspiraciones, salvando conjuntamente los obstáculos. Recordemos que los gobernantes, nuestros mandatarios, están de nuestro lado, y no son nuestros enemigos. Al menos mientras no les declaremos como tales, por resentimiento, venganza o politiquería.
Nuestra hermosa provincia tiene muchas cosas que ofrecernos. Necesitamos descubrirlas y aprovechar de ellas en beneficio de una mejor calidad de vida para nuestra comunidad. Debemos ser felices con lo que tenemos y ahora. Necesitamos organizar nuestra convivencia, reconociendo el rol que a cada grupo humano le corresponde. Los gobernantes deben ejercer con responsabilidad su papel de mandatarios, mientras que los ciudadanos debemos asumir el de mandantes. Todos estamos a bordo de un país y provincia mega diverso, y debemos “remar” en el mismo sentido.
Cada ciudadano tiene algo que aportar y tendrá algo que recibir. Es de interés colectivo que el Mandatario, en cualquier nivel de Gobierno, tenga éxito. Como también debería ser de nuestro interés que NO fracase, pues seríamos los primeros en pagar las consecuencias. Lo pasado ya es historia. Lo que hagamos de hoy en adelante, puede cambiar, si nos proponemos.
¡Salgamos adelante con el espíritu de cuerpo de cotopaxenses!(O)