Estamos celebrando los primeros doscientos años de independencia, gracias a latacungueños idealistas que desafiaron el poder monárquico en busca de un futuro cierto para sus habitantes. Lamentablemente, la pandemia nos mantiene en relativo confinamiento y recogimiento espiritual, debido a los efectos nefastos que ha producido en nuestro entorno. Sin embargo, el latacungueño se siente identificado con su Tierra y recuerda con orgullo esta fecha de emancipación política. Por todo esto, la celebración ha sido más bien simbólica, aunque no por eso menos sentida. Lo importante es que cada ciudadano alimente su espíritu cívico para fortalecer su identidad y justificar el amor por sus orígenes.

En medio de una sesión solemne atípica, en un sitio emblemático, nos sorprendimos gratamente al conocer del compromiso formal para financiar la recuperación de bienes patrimoniales, entre los cuales consta la hacienda obraje Tilipulo. Esperando que no se trate de un acto “simbólico” y que se implemente sin demora, nos renace la esperanza de ser testigos de un cambio positivo en nuestro entorno, que elevará la calidad de vida de los habitantes que buscan un “remanso de paz” en un ambiente ecológico y natural. Serán setenta y dos hectáreas de espacios verdes, adornados por una flora propia de los humedales y habitados por especies que pertenecen a ese hábitat.

Han transcurrido cuatro largos años desde que 11.300 ciudadanos se pusieron de pie para detener el intento de atropello que se pretendía cometer contra este bien patrimonial, instalando un “camal” con las consecuencias destructivas del medio ambiente. Al amparo de los derechos ciudadanos, que incluyen la formulación de proyectos de ordenanzas, se notificó de la resolución al Cabildo de la época, que la aprobó en primera discusión por unanimidad. Salvado el momento, pasó a abultar los archivos de las ordenanzas en añejamiento, hasta la presente fecha, sin que exista la resolución del Concejo anterior, ni actual, de aprobar la normativa que busca proteger este patrimonio natural contra las malhadadas intervenciones de cualquier gobierno municipal. A pesar de la permanente insistencia por parte de Foro Latacunga, que recibió el mandato de los ciudadanos de canalizar su anhelo, se hacen oídos sordos con la complicidad de la pandemia.    

Si bien se detuvo la construcción del matadero, en medio del área patrimonial natural, y no se logró la aprobación de la ordenanza, con intereses electorales el administrador anterior convocó a un concurso de proyectos para convertir al área natural en el parque propuesto por la ciudadanía. Se declaró ganador a uno de tres proyectos concursantes y hasta ahí llegó el show, pues llegaban las elecciones y el espejismo ya cumplió su cometido. Así dejaron las cosas, sin siquiera pagar por el proyecto, para que resuelva la siguiente administración.

Desde el primer día de gestión del doctor Byron Cárdenas, se insistió en el trámite y se motivó a retomar el proyecto ganador. Así han transcurrido 18 meses, hasta que nos enteramos de la exitosa gestión del Alcalde para lograr financiar alrededor de 6,5 millones de dólares para recuperar este patrimonio natural. Independientemente, es necesario dar el tratamiento adecuado de restauración y mantenimiento a la casa de hacienda Tilipulo, equivocadamente intervenida en el pasado, deteriorada por el paso del tiempo y que espera un destino con fines culturales, turísticos y complementarios del área natural.

Renace, al menos la esperanza de caminar por un sendero cierto. Nos alegra pensar que se puede cristalizar la “primera obra relevante del BICENTENARIO”, que sin duda alguna elevará el autoestima de los latacungueños y honrará la libertad que nos legaron nuestro próceres. Si así llueve… que no escampe.

¡VIVA LATACUNGA! (O)