…y no buenas razones. Este refrán popular expresa que el amor verdadero debe expresarse con acciones y no simplemente con palabras. Hacemos un parangón con las generosas palabras que abundan en nuestro medio, especialmente con motivo de las campañas electorales, que buscan conquistar con las expresiones más sentidas y ofertas ilimitadas, la voluntad del electorado. Nos ponen a soñar en un mundo maravilloso que está a escasa distancia de ser alcanzado, bastando el ansiado “votito” para cristalizarlo.
Una cosa es con violín, y otra con guitarra. Así se grafica la diferencia entre lo dicho y lo hecho. Fácil es ofrecer, al calor de la vehemencia que despierta en el ungido las vivas y elogios, que elevan su espíritu y le transportan al “más allá”, desde donde voltea su indulgente mirada hacia los “fans” que frotando sus manos esperan ansiosos la llegada de lo prometido. Desatada la competencia, cada candidato se esfuerza por mantener la delantera en ofrecer el oro y el moro, en la ilusa creencia que cada ofrecimiento le asegura un paso hacia el paraíso terrenal.
Llegada la hora de contar las voluntades, los escogidos recuperan el aliento y respiran con aire de autoridad, para mirar a sus seguidores desde un peldaño más arriba del que estuvieron en calidad de candidato. Desaparecen los perdedores en medio de “sofisticadas” explicaciones de lo que todavía consideran un triunfo, insinuando mano negra y competencia desleal, aspirando ser colocados como mártires de la democracia, hasta volver con los mismos trillados argumentos para reivindicar ¡su honor político!
Los elegidos para rescatar la barca que hace aguas, se enfrentan a la triste realidad que nunca fuera evidenciada por los funcionarios salientes, ni conocida por los entrantes. La realidad siempre será distinta a la pintada en la campaña. Ha llegado la hora de ejecutar lo ofrecido. Es una hazaña que se podría asimilar a escalar el volcán Cotopaxi sin preparación ni equipo alguno. Fácilmente se puede anticipar el triste desenlace que este intento tendría. Pero no hay vuelta atrás. Rodeado de un grupo de novatos, cuyo mérito ha sido caminar junto al candidato de manera “desinteresada” en toda la campaña, inicia el proceso.
Desenredar los entuertos hallados, será el primer dolor de cabeza. Entender la débil situación financiera, que depende en alto grado de la generosidad del empobrecido gobierno central, será una segunda misión desalentadora. Evidenciar la pesada carga burocrática y las consecuencias en la prestación de servicios, será indispensable. Así se consumirán los primeros meses de gestión, ante la mirada expectante e inquisidora del respetable público.
Superada la etapa de acoplamiento a la realidad encontrada, aspiramos observar las capacidades de los gobernantes. Deberíamos contar con Concejos Provinciales y Cantonales que puedan generar soluciones legislativas y de fiscalización. Los ejecutivos deberían presentar una plantilla de profesionales calificados para ejercer las funciones estratégicas de los diferentes niveles de gobierno. Los ciudadanos deberían ser convocados para ejercer su participación de forma “protagónica” en la toma de decisiones trascendentales, frente a propuestas bien formuladas y sustentadas técnicamente que evidencien las ventajas, desventajas, costos, etc. Un presupuesto que defina un rumbo claro de desarrollo sostenible en el corto y mediano plazo. El Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial debería ser actualizado y difundido, como norte para el cantón o la provincia.
Así hemos iniciado el año. Altas expectativas. Empieza a dibujarse la gestión seccional. Compromisos del más alto nivel del gobierno permiten a Latacunga en su bicentenario, contar con recursos económicos. Esperamos nos demuestren con obras el amor a nuestra tierra. ¡A trabajar con amor señor Alcalde y señores concejales!(O)