Han transcurrido los primeros cinco meses del “gobierno del encuentro”. Podemos respirar con cierta tranquilidad en materia de salud, gracias a la exitosa campaña de vacunación lograda con el concurso del sector público y privado, y una decisión presidencial firme de conseguir las vacunas, sin distingo de ideología. En este escenario, reviven las aspiraciones de resolver los problemas de mayor preocupación para la ciudadanía, que “coinciden” con las principales ofertas de campaña. Mientras la oposición política se asegura de recordar a los parroquianos sobre los derechos a exigir su cumplimiento, recalcando las dudas sobre su capacidad de cumplirlas. Fundamentalmente, los ofrecimientos del presidente Lasso se resumen en “empleo, seguridad y reactivación económica”.

La visión populista apuntaría a resolver superficialmente estos temas que preocupan a los ciudadanos  Más, lo que le conviene al país, en el mediano y largo plazo, sería salir de las garras del paternalismo, clientelismo e inmediatismo que nos ha caracterizado los últimos 49 años de era petrolera. Lasso propone, a despecho de sus contrincantes, que deben plantearse soluciones estructurales, sostenibles en el tiempo y que permitan alcanzar un mejor nivel de vida para las mayorías. Para esto se necesita visión, decisión y liderazgo. No es menos cierto que se requiere del respaldo mayoritario de los legisladores, al tiempo de aprobar las leyes que estos cambios requieran.

El desempleo, un mal endémico en Ecuador. No por falta de deseos de superación de sus habitantes, pues la migración hacia países que ofrecen oportunidades demuestra la voluntad de trabajo que impera, sino por el obsoleto Código del Trabajo que limita severamente la capacidad de generar empleo. Su politización impide que se actualice en beneficio de quienes buscan trabajo. Aquí, el primer gran obstáculo que debemos superar, a despecho de una dirigencia sindical enquistada con viejos paradigmas. La respuesta la encontraremos en la INVERSIÓN PRIVADA, que genere plazas de empleo sostenibles y contribuya al crecimiento de la economía en general, asumiendo los riesgos del capital invertido. Para esto, deben generarse las condiciones atractivas para los capitales, que son apetecidos en todos los países de la región.

Sobre seguridad, podemos afirmar que el fondo de este lacerante problema que crece exponencialmente, está en el “desempleo y el narcotráfico”. El problema de narcotráfico es profundo y creciente. No es realista eliminarlo, ni siquiera controlarlo en el corto plazo, por muchos estados de excepción que se dicten, ni por muchos elementos del orden que se involucren. Los Estados requieren conformar sólidos frentes internacionales, apoyados con alta tecnología, significativos aportes económicos y estrategias globales, sostenidas en el tiempo. Caso contrario, nuestro territorio se convertiría en un paraíso para estos negocios obscuros, con los consiguientes efectos colaterales que estamos viviendo.

La reactivación económica no se limita a buscar recuperar el ritmo de crecimiento que tuvimos al inicio de la dolarización, sino de corregir el rumbo de la economía, pues es evidente que no podemos limitarnos a vivir de los réditos que nos ofrece el oro negro, sino a buscar un modelo que aproveche las potencialidades que tiene nuestro país frente al mundo globalizado que vivimos. Se requiere una mente abierta al mundo, para integrar nuestra economía hacia nuevos mercados, promover la iniciativa privada, con seguridad jurídica, atracción de inversiones, estabilidad política y social, que logren un crecimiento a largo plazo. La clase política debería declarar una tregua en busca de los puntos de convergencia y sumar voluntades para construir soluciones. No podemos seguir el mismo camino recorrido, con tan pobres resultados. Depongan las posiciones beligerantes y aporten positivamente, con patriotismo.

¡ES HORA DE CORREGIR EL RUMBO!