En estas navidades extrañas que nos ha tocado vivir y estando cercana la fecha de un nuevo año en el que debemos concurrir a ejercer nuestro derecho a votar, es válido que aprovechemos de este espacio de opinión, para señalar las únicas opciones que los ecuatorianos tenemos para elegir de entre los binomios  que aspiran llegar a la administración del Estado. No vamos a desmenuzar a cada uno de los binomios en contienda, pero sí emitir una opinión de carácter general, que se resume en un hecho esencial: el sostenimiento del dólar como moneda de intercambio en nuestro país.

Por tanto, existen dos opciones que los ecuatorianos tendremos que escoger en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias,  para enfrentar el  conflicto producido por la desastrosa administración de los recursos del Estado por un grupo plenamente identificado, agravado por la presencia de la covid-19, que en la actualidad ha mutado -se dice- con menor peligro-. La responsabilidad que está en nuestras manos debe estar dada por aquellos candidatos que bosquejen  por ejemplo la priorización del gasto público (no tenemos dinero),  y  el  sostenimiento de la dolarización; y la otra que es el populismo recalcitrante, promovido por aquellos candidatos  que irresponsablemente plantean  seguir gastando -sin beneficio de inventario-, promoviendo la vigencia de dinero inorgánico -dinero electrónico- sin ningún respaldo, poniendo en riesgo la dolarización instaurada hace 20 años en el Ecuador, con positivos resultados, pese al aparecimiento de verdaderas hordas que llegaron al Poder del Estado en sus diferentes funciones en estos últimos años.

Los ofrecimientos populistas e irresponsables que se están planteando como promoción de candidaturas son verdaderamente preocupantes. El señalar  la creación de nuevos impuestos a más de los vigentes, señalando que con esto se permitiría reactivar el crecimiento económico, con la cantaleta de que “quien tiene más pague más” o insistir en un Estado hacedor de todo en cuanto a producción y productividad se refiere, invadiendo las actividades propias del sector privado,  situación que en la práctica, vuelve  al Estado obeso -teóricamente- en el mayor inversionista,  con dinero obtenido de los escuálidos ingresos de los ecuatorianos que están sobreviviendo a estas crisis económica y sanitaria, jamás imaginadas.

Existen candidatos que plantean el no pago de la deuda externa, a la que la califican de ilegítima. Nos preguntamos: quién determina la ilegitimidad de una deuda de un Estado frente a otro u otros organismos internacionales de financiamiento?, si para adquirir esa deuda se sigue todo un procedimiento constitucional y legal, que al final es ratificado por el Parlamento y el máximo órgano de control constitucional. En lo que podemos coincidir es en la realización de auditorías que determinen la correcta utilización de ese dinero, que al final del día tocará pagar a varias generaciones de ecuatorianos. Lo incomprensible es que, mientras se señala el no pago de la deuda externa, nada -absolutamente nada- se dice de la deuda a la seguridad social. Es lamentable observar cómo se elude el tratamiento de este tema, varios  candidatos por desconocimiento, y otros, por no querer emitir criterios o posiciones que les pueden quitar votos o comprometer en situaciones que inclusive han sido materia y objeto de recomendaciones de organismos internacionales que han prestado dinero al Ecuador y cuyos desembolsos operarán si las autoridades actuales o las que lleguen cumplen con esas recomendaciones.

Espero que pese a las circunstancias de esta Navidad totalmente atípica,  hayan disfrutado en familia. Cada Navidad y el recibir un nuevo año representan una nueva esperanza. Aspiro a que una vez que se apagaron las luces de esta fiesta universal, se enciendan las luces del espíritu de cada uno, sin dejar de soñar en tiempos mejores. hagamos uso en febrero 2021 de la mejor herramienta en democracia: castiguemos con nuestro voto a quienes han hecho tanto daño al Ecuador y analicemos serenamente en familia  las opciones. El país irá hacia donde nosotros lo llevemos con nuestro voto.(O)