Alan Cathey

Resulta importante, al analizar lo que ocurre en el escenario internacional alejarse de la visión cerrada y unidireccional. Es indispensable dejar de ver los árboles para poder ver el bosque.

Las crecientes tensiones por la crisis ruso ucraniana, por la gravedad de sus posibles implicaciones y desenlaces, es uno de esos eventos que acaparan la atención y las preocupaciones de la gente, haciendo difícil no perder la perspectiva global.

Si nos esforzamos en mirar el escenario global, estaremos en una mejor capacidad para comprender e interpretar los acontecimientos locales, que casi siempre responden a las percepciones que los actores locales desean proyectar al resto del mundo.

Aun cuando pueda sonar a lugar común esa necesidad de mirar globalmente, vale mucho la pena tratar de establecer el marco teórico de esa mirada, el trasfondo frente al cual se analizan los acontecimientos en el espacio y el tiempo para lo que es necesario proponer tal marco.

Éste sería el de un Cambio de Epoca, donde aquello que se ha dado por sentado por un muy largo tiempo, constituido en el paradigma bajo el cual se interpreta la realidad. Y éste cambio lleva produciéndose desde hace ya algunos años.

En concreto, me refiero al final de un ciclo de casi 600 años, durante el cual una esquina de Eurasia, sin mérito particular aparente, alcanza un grado de preeminencia y dominio abrumadores sobre el planeta entero. El ascenso europeo al dominio mundial no tiene una explicación simple, es una conjunción de factores anímicos y materiales, que, por circunstancias internas y externas, dan lugar a ese resultado y no a otro.

Posiblemente el apogeo de esa superioridad europea y la de sus extensiones, en lo económico, político, militar, pero sobre todo,
en lo científico y tecnológico, se produce justo antes de la Primera Guerra Mundial.

Ésta, y su continuación en la Segunda, son un acto suicida que enfrenta a Europa consigo misma, en un acto de destrucción apocalíptico de ciudades y países enteros, pero sobre todo, del tejido moral sobre el que Europa había construido su mundo, el del humanismo y la libertad para pensar. Los dos episodios terminaron deshumanizándola y renunciando a la libertad por las ideologías, lamentable retorno a una neo represión religiosa.

El mundo que emerge de las cenizas muestra una Europa que, encogida anímica y físicamente, paulatinamente abandona el escenario del que había sido protagonista estelar por medio milenio. Éste cambio de época, se había anunciado ya con la irrupción de un actor no europeo en la industria y la tecnología.

Japón mostró al mundo que era posible hacer mejor las cosas que cualquier fabricante europeo o americano. Huérfano de recursos naturales, arrasado hasta los cimientos, en 40 años se convierte en la tercera economía del mundo.

La ruta japonesa, la adoptan otros actores, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, y finalmente, China, tras liberarse de las taras ideológicas. Éste es el mundo que emerge, el Cambio de Época al que me refería.

El escenario del gran comercio mundial, que durante 5 siglos fuera el Atlántico, no lo, es más. Hoy, es el Pacífico y el Índico. A sus orillas, vive el 60% de la población mundial. Los conflictos europeos actuales causan una sensación de deja vu, la repetición de una ceremonia ritual de suicidio colectivo, para aplacar a unos dioses ignotos.

Mirando el escenario completo, es fácil inferir una coordinación, posiblemente consciente, en acciones de naturaleza política, económica o militar, en regiones distantes y aparentemente inconexas.

El Mar de la China meridional nos ofreció el despliegue de las poderosas armadas de combate americanas, chinas y japonesas, en un ejercicio de intimidación mutuo, en torno a Taiwán, foco de lo que podría ser el conflicto más peligroso entre superpotencias.

Semanas antes, navíos rusos y chinos participaron en maniobras navales conjuntas, alrededor del Japón, exhibiendo los alcances de la alianza Ruso China. El dictador norcoreano sigue lanzando misiles al mar, y estaría por reanudar su programa atómico. El Océano Índico ha sido escenario, por vez primera, de ejercicios navales conjuntos de flotas de guerra chinas, rusas e iraníes.

Se ha desatado ya una gran carrera armamentística, con desarrollo de nuevas tecnologías militares, con la circunstancia de que la economía china, por su dimensión, es perfectamente capaz de financiar su crecimiento militar, en lo convencional y nuclear, al mismo o mayor ritmo que Estados Unidos, contrariamente a la realidad económica soviética de finales de los años 80 del pasado siglo, y que concluyeron en la liquidación por quiebra del Imperio Soviético.

La superioridad tecnológica, que siempre fue la clave de la superioridad occidental, está muy menguada, si todavía persiste, incluso en lo militar. Esa coordinación global que observamos, responde a unas líneas maestras, aplicadas con criterios pragmáticos por regímenes a los que estorba y molesta el ideario occidental de derechos humanos y de democracia. Están aplicando grandes presiones, para establecer hasta dónde pueden llegar, hasta que lleguen a ser capaces de imponer sus proyectos por su superioridad militar y estratégica. Que en ese escenario haya espacio para el ser humano, su dignidad y sus derechos, estará por verse. (O)