Que levante la mano quien no ha sufrido, al menos una vez, discriminación, burlas o comentarios pesados al decir que es de Latacunga. Y no es que quiera victimizarme, pero por algún motivo, los residentes de las grandes ciudades, se han dado la libertad de llamarnos gente de pueblo, chagras (en sentido despectivo) y hasta poco civilizados. Y es que no falta algún arribista que, sin antes conocer a la persona, la trata de incompetente e ignorante, por el solo hecho de ser de provincia.

Quizá los tiempos han cambiado, pero al menos durante mi estancia por estudios en Quito, varias veces tuve que explicar que Latacunga es una CIUDAD, que si bien es apacible también hay industria, comercio, turismo y emprendimientos innovadores. Que, la Mama Negra es nuestra fiesta principal, pero hay un contexto histórico y cultural, no es únicamente sobre emborracharse gratis. Y que, aunque para ellos resulte una ciudad “aburrida”, para muchos, nos resulta un acogedor, amigable y tranquilo HOGAR. Justamente por ello muchos ansiamos ir a Latacunga, aunque sea solo de visita.

No ha faltado algún coterráneo que, frente a tantos comentarios despectivos sobre Latacunga, ha sentido vergüenza y ha preferido cambiar a un estilo de vida más cosmopolita. Gente que sucumbió al esplendor de las grandes ciudades, ha borrado del mapa lo que fue y no tiene ningún reparo en tratar de menos a sus coterráneos. No los culpo, al final cada quien es libre de tomar sus decisiones, pero ¿por qué la urgencia de sepultar su historia con pretextos y cuentos fantásticos?

Ahora, no todo es malo, la buena noticia es que hay latacungueños aguerridos, los llamo así, porque a pesar de los pronósticos negativos y la interrogante de ¿qué vas a hacer en un pueblo? Se han educado, algunos incluso se han especializado en otros países y han regresado a su tierra para emprender ambiciosos proyectos. Han creado propuestas novedosas, están generando fuentes de trabajo e incluso se han convertido en proveedores y aliados estratégicos de otras empresas y emprendimientos de las grandes ciudades.

Aunque nos traten de menos al llamarnos campesinos o chagras, somos orgullosamente un pueblo de gente aguerrida y trabajadora. Y es que sobran razones para sentirnos orgullosos. Cada vez que vemos en los grandes supermercados a nivel nacional productos como: Agua mineral San Felipe, Secreto Inti, cereales la Pradera, Prodicereal, lácteos la Finca y La Querencia. Al maravillarnos con los bellos reportajes en la televisión ecuatoriana sobre la Ruta de la Machica y el Mashcazo. Con los triunfos de los jóvenes talentos del MAT (Mashca adventure team) en las competencias a nivel nacional. Con las publicaciones (hasta en portada) en la revista Líderes sobre Induacero e IMC. Con el entusiasmo y compromiso de aquellos jóvenes que han decidido volver a su tierra y apostarle al turismo, el diseño, el arte y la artesanía. No se diga de aquellos profesionales latacungueños que ocupan cargos importantes en empresas Públicas o privadas, y otros, incluso en el extranjero.

Así que no hay razón para sentirnos avergonzados, tenemos evidencia de sobra para sentirnos felices y por sobre todo, orgullosos de ser latacungueños.