A muchos ilusos les embobaron -con las consecuencias que todos sabemos-, ofreciendo soluciones de corte populista, demagógicamente elaboradas, como aquella de “refundar el país”, como forma mágica e ilusa para enfrentar los distintos problemas que acusa la sociedad. 

En la dirección buscada, los copiones criollos socialistas del SXXI, armaron todo un tinglado para aventurar al Ecuador con una constitución, la de Montecristi, sí, esa del 2008; sus 444 artículos -que más se asemejan a un confuso reglamento burocrático-, permitió el autoritarismo, la discrecionalidad y la interpretación antojadiza de sus normas, poniendo en segundo plano la seguridad jurídica.

Simón Espinosa Cordero, hombre sabio, de preclara inteligencia, nos ha ofrecido una importantísima tesis, la del REFERÉNDUM CONSTITUCIONAL, aplicando el artículo 104 de la constitución, para derogar la del 2008, y reemplazarla con la de 1998. Constituye una tesis inédita que viene recibiendo el apoyo de muchas personalidades políticas, sociales y de la academia.

Al respecto, han opinado que nuestro país tiene toda una historia acumulada de constitucionalismo que, a partir de la primera, ha ido perfeccionándose para finalmente ser compendiada de manera armónica en la Constitución de 1998, redactada por ecuatorianos, de manera soberana, para bien del país.

Por ello, no hay que “refundar” nada, sino adoptar lo mejor que tenemos en materia constitucional. El Ecuador merece una suerte de “pacto por la patria”, que deje atrás la base legal que abrió el camino al descalabro institucional, la intromisión en las funciones del Estado, los “dedazos” en la designación de autoridades de control; la conducción de la política exterior sometida a la ideología del socialismo del SXXI.

Todo lo anterior será posible en la medida que nos desprendamos de la actual constitución, concebida por asesores externos. La necesidad de iniciar el proceso para dar al traste con la del 2008, es ciertamente una imperiosa necesidad, puesto que ha generado abuso de poder, irrespeto a los ciudadanos y corrupción en todos los niveles.

Dado que las cosas en derecho se deshacen de la misma manera que se hacen, la vía propuesta procede, esto es, mediante referéndum, siguiendo el mismo mecanismo que aprobó la constitución del 2008; dicho de manera fácil: otro referéndum puede derogarla poniendo en vigor la Carta Política de 1998. 

Los iluminados copiones introdujeron en la constitución un “candado” (artículo 444), para evitar que ésta -denominada eufemísticamente como un “canto a la vida”-, sea cambiada por una “nueva”. No se percataron de que el pueblo puede no solo abrir candados, sino librarse de ataduras totalitarias.

Me adhiero con entusiasmo a la tesis de Simón Espinosa Cordero por ser el mecanismo apropiado. Los ciudadanos tenemos el deber de involucrarnos y apoyar esta cruzada patriótica, que haga posible recuperar la institucionalidad de la República, y, por ende, el estado de DERECHO.(O)