Cuando comenzó la pandemia y justamente se requerían de más recursos para enfrentarla, parecía que, contradictoriamente a las circunstancias, el ministro de Finanzas, Richard Martínez, procedía a pagar una deuda externa de más de 300 millones de dólares, algo que fue duramente criticado por muchísimos sectores, inclusive, hasta por personajes que aprobaban la gestión del Ministro.

Pero, oh sorpresa, en estos momentos, nos llegan las buenas nuevas por haber cumplido esos compromisos, el Ecuador vuelve a recobrar la credibilidad y la seriedad en la banca crediticia internacional y ahora le  entregan más de 1500 millones de dólares, y las sofocantes e inmanejables obligaciones de la deuda, se han postergado para cerca de una década, dando de esta manera un enorme respiro al Ecuador, que por fin, puede ver una luz al final del túnel.

Ojo, pero el haber hecho un manejo tan hábil y oportuno, también exige compromisos, y que se  hagan muchas reformas en el país. Comenzando por una reducción aún mayor, del inmanejable aparato burocrático.  Por otro lado, una nueva legislación laboral se hace imprescindible. En algo que se ha avanzado es en el tema de los combustibles. Pero estos deben ser aspectos fundamentales en los que debe enfocarse el Gobierno en los meses que le quedan, temas que necesitan determinación y pantalones, para dejar un futuro real a este pobre país, golpeado por la politiquería y la corrupción enraizada en los actores y herederos de la famosa década ganada. (O)