La pamba mesa es un ritual de las comunidades andinas.

La pamba mesa es un término utilizado por las comunidades indígenas del país para referirse a la comida que se ofrece en actos masivos y festividades ancestrales como el Inti Raymi, trabajos en las comunidades y demás.

Está compuesta por habas, papas, mellocos, choclo, cualquier tipo de carne, aunque las más utilizadas suelen ser las de cerdo, borrego y res. Lo interesante de esta comida es que, para realizarla todos los participantes, hombres, mujeres, jóvenes y niños, participan de su elaboración.

Cuando se trata de mingas se arman comisiones que deberán ocuparse de uno de los ingredientes del platillo ancestral que se sirve sobre unos manteles en el piso, a su alrededor se colocan los comensales, quienes comparten espacios en ambiente de unidad y camaradería.

Pedro Ayala de 42 años; sentado junto a su madre Eloísa de 75 “apretaba los motores” para terminar de desvainar el quintal de habas antes que hierva el agua donde las iba a cocinar, así lo hacen cuando participan de eventos donde se realiza la pamba mesa.

Pedro no es el único hombre que colabora para preparar el platillo ancestral, “los hombres también tenemos manos, ayudamos en la cocina, no tiene nada de malo, al contrario, demuestra que somos útiles”, manifestó.

Según el relato de su vida, el ser autosuficiente le sirvió mucho; incluso dice disfrutar cada que se prepara una pamba mesa, a su decir, es el momento ideal para la tertulia, donde se comparte experiencias, hablan del campo, las siembras, la política; hay espacios para las bromas y compadrazgos.

Virginia Sigcha, dirigente de las comunidades de Apagua (Pujilí), explicó que la pamba mesa se remonta posiblemente a tiempos precoloniales, eran muy comunes en las mingas y festividades. “Más que comer es un acto de solemnidad, primero agradecemos a la Pacha Mama por los alimentos recibidos”, dijo.

Para María Ugsha de 26 años es importante mantener estas tradiciones, la pamba mesa o mesa común, le enseñó que la esencia de su pueblo es la unidad, “eso es lo hermoso, jamás debemos perder ésta, que es una de nuestras fortalezas”, mencionó mientras le enseñaba a su pequeño hijo Amaru de 7 años a prender la leña para cocinar el mote. (I)