El cuidado de los páramos es esencial para preservar el líquido vital. (Foto cortesía)

Se conforma por grandes hectáreas de pastizales, en algunos casos con bosques de polylepis, lagos y manantiales calientes, Latacunga, Salcedo, Pujilí y Saquisilí cuentan con organizaciones y comunidades dedicadas a la crianza de alpacas como forma de conservación así evitar la destrucción por las actividades humanas en estos retenedores de agua.

El páramo es de vital importancia, pues son  ecosistemas vitales para mantener los ciclos del agua, permiten la transformación de la neblina en recurso hídrico que a su vez genera el nacimiento de lagos, ríos y, por ende, el abastecimiento de los embalses.

En Cotopaxi existen varios de estos con hermosos paisajes, inigualables y característicos por el frío que emana en el rosto descubierto.

Sus particularidades es que en la zona alta es la crianza de ovinos y camélidos: llamas y alpacas; algunas de estas especies han estado desapareciendo del paisaje cultural andino y con ellas, las formas de producción tradicional y fuentes de ingresos económicos alternativos.

Los cantones Latacunga, Salcedo, Pujilí y Saquisilí cuentan con organizaciones y comunidades dedicadas a la crianza de estos rumiantes como una forma de protección, además busca su aprovechamiento al ser animales de carga liviana, producción de lana y carne; algunos de estos  lugares son: Maca Grande, Razuyacu, Cotopilaló, Santa Fe de Ilinizas, Cumbijín, Salamalag, Apahua y Jigua Yacubamba.

Los Llanganates son considerados como una zona de los humedales, donde existe alrededor de 60 lagunas en las 220 mil hectáreas, en áreas cercanas a esta reserva ecológica desde varios años se lleva a cabo diversas actividades en celebración del Día Mundial de los Humedales. Y en la comunidad Planchaloma, parroquia de Toacaso, se desarrolla la feria nacional Campesina de Alpacas especialmente en septiembre, al menos así lo detalla la Guía Turística del GAD Cotopaxi.

“Los páramos tienen miles de años y se ha ido acomodando tanto las plantas como los animales en el momento que hay alguna acción humana lo que se hace es perturbar el ecosistema”, destacó Olmedo Iza, subsecretario de la Demarcación Hidrográfica del Pastaza.

Pero, si los seres humanos incorporan cualquier tipo de planta y más aún exótica se altera el entorno. Por lo tanto, Senagua trabaja para que las áreas de protección hídrica queden sin la intervención del ser humano.

Según Iza, la afectación es mucho mayor con la quema de los pajonales al incinerarse todas las pequeñas especies, las cuales tardan años en crecer “en el momento que alteramos el páramo definitivamente estamos cambiando la estructura ecológica, pero si desbrozamos, cultivamos y dejamos ahí para que se recuperen deberá pasar 500 años para que retorne a su estado natural”.

Tanto los bosques como los páramos cumplen un rol fundamental en todo el ciclo del agua, detienen, regulan y permiten que se infiltre para que luego aparezcan como vertientes. (I)