Más inquieto que sereno me desperté el día miércoles 17 de marzo del año del Señor a eso de las 5:00, rutina que no puedo quitar del reloj de mi memoria, me propuse hacer varias actividades para de esta manera pasar el día ocupado y, un frenazo en mi capacidad de recordar aflora con preguntas: ¿A esta altura de la vida qué prisa tienes? ¿Quién te espera para trabajar? ¿Los amigos tienen que estar en las mismas circunstancias? ¿Qué sacas levantándote temprano si no puedes salir de casa?, lo dispusieron las autoridades, que no salgas de la caleta porque te está ‘chapando’ el coronavirus.

Apacible en mi nidito encendí el televisor para adentrarme en las noticias internacionales y nacionales; los canales se referían a millares de contagiados y miles de muertos en la ciudad de Wuhan, China, poniéndoles en cuarentena rígida a catorce millones de residentes, pues el covid-19 arremetía; acto seguido otro medio de comunicación entregaba noticias alarmantes de Italia y España. El Dr. Tedros Adhanom  Ghebreyesus, director general de la OMS, Organización Mundial de la Salud, alertaba de una ‘epidemia’ vinculada a una enfermedad de virus conocidos como coronavirus de la familia de los virus mortales SARS (síndrome respiratorio agudo grave) y MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio), y determinados gobiernos minimizaban la tasa de mortalidad, manifestando que el covid-19 era menor que la de la influenza, mas el Dr. Tedros Adhanom indicó que el covid-19 “parece más alta que por su influenza, especialmente la influenza estacional”. La influenza estacional mata a menos del 1% de personas contagiadas, y que al momento no existe un tratamiento para el virus covid-19, por lo tanto, advertía al mundo de una posible ‘pandemia’ y “simplemente no está preparado el mundo” para la epidemia del coronavirus. ¡Chucta!, ¡y aura Laura!, con voz temblorosa dije: ¿-Y ahora quién nos puede salvar-? ¡-Yo, el Chapulín Colorado-! Oí que fue la Samba la que respondía, también ha estado al tanto de los sucesos, ¡-ve-!, ¿-no te hagas la chistosita, me puede causar un síncope-?, ese ratito del susto me puse de pies y al baño directito a asearme y ponerme caché casa adentro.

En el momento del desayuno pensaba en el virus, a la hora del almuerzo pensaba en el virus, al merendar pensaba en el virus, -tosía un poquito o me daba carraspera-, los ‘chilumbos ‘ sonaban como castañuelas, solito me consumía, pensaba: ¿-si le digo a la Samba-?, ¿-si le digo a la Morena-?, -mejor no, me pueden decir que estoy flaqueando, me aguanto como macho-, así desubicado me dormí hasta las tres de la mañana, hora en la que se pasea Drácula haciendo asustar a los que creen de su existencia, aunque a esa hora también está despierto ese otro chupa sangre del ático chateando y maldiciendo a todo lo que se le pone en el camino, sin conciliar el sueño amanecí dándome las vueltas en la cama, ‘chito’, porque si hago ruido es mejor que llegue el corona. Con ojeras y ‘toctiuco’ llegó el 19 de marzo.

Día jueves 19 de marzo del año del Señor.

A las 8000, como diría mi mayor Troya, en racional, a las 8:00 fui al desayuno, siempre atento a lo que acontecía con respecto al virus, de manera amable mi consorte me entregó la escoba, -creí que era para enseñarme a volar-, mas ha sido para que barra el patio, lo que hice con mucho agrado, esta labor dejaba a un lado mis pensamientos con respecto a la epidemia que más tarde conoceré que se trasformó en pandemia, para quedar bien limpié correctamente, no quedó ni una sola flor ni hoja regada que caen de las plantas ornamentales puestas en los maceteros, una y otra vez repasaba, escoba y basura en mano (funda) me presenté al examen del sargento, ¡-perdón-¡ mi mujercita, -me felicitó-, me sentí alegre, mas, enseguida volvió a pedir afablemente que riegue con agua las plantas y de pasito dé curando para que me desquite con los moscos y los hongos, ni corto ni perezoso como hombre de campo fui a ver los fungicidas y no los encontré, no sé dónde los escondió la Agustina que está en vacaciones obligadas, no me quedó otro recurso que actuar tal lo hacen los yasunidos, esto no sabe el del -tractursito-, mezclé: agua hirviendo, jabón rayado, ajo machucado, cebolla paiteña y ya está, termine con los insectos y, otro parabién, parecía condecorado y con rango de -Segundo Presidente dentro de mí hogar-, así con trabajo pasó el día, sin despreocuparme del virus.

Hasta la próxima parada, donde me deje el Tren Bala.(O)