Día miércoles 25 de marzo del 2020 del año del Señor

1173 contagiados y 28 fallecidos por coronavirus en el Ecuador, son cifras que dan las autoridades gubernamentales. Por la razón o por la fuerza conserva la vida amigo, amiga: “-Quédate en casa-”, te ruego; pero esta disposición no la acatan los hijues y las  hijuas, por más que se repite constantemente en los medios de comunicación “quédate en casa”. Algunos por sobradez o ignorancia se creen inmortales y no se inmutan ante el peligro de contagiarse con el covid-19 por estar fuera de casa. Las excusas de los zopencos son varias, pero ante la realidad del contagio (y morir tosiendo) no tienen valor alguno. Desde luego, es comprensible el desacato de los trabajadores ocasionales que viven el día a día “camellando” en la vía pública para obtener dinero y alimentar a su familia, pues el Gobierno a esta fecha no les ayuda de ninguna manera como tenía que haber estado previsto, garantizando la alimentación y la salud de manera inmediata, porque ellos son el estrato más vulnerable (-empleados públicos, no se robarán la plata de la salud y los alimentos, nomás digo-).

Mitos y consejos sobre cómo combatir al coronavirus surgen por doquier, y ponen a la colectividad a practicar disparates, algo de ello lo acogemos a continuación: para evitar que  entre el veneno a nuestros cuerpos, muy temprano se debe silbar haciendo gárgaras de agua hirviendo con limón; por seguir este consejo parezco pájaro trovador, en cada buche una nota musical, -ahí pienso y existo-, mejor era el buche de whisky con una guitarra entonada y cantada con el alma, no esta agua ardiente que me hace ver candela, ya parezco esos botafuegos, claro, de malas palabras que se escapan en cada chamuscada. Además, los “sabios de la Grecia” recomiendan que en el cautiverio es bueno alimentarse tipo repollo, con zanahoria, brócoli, ajo, remolacha, col, pimiento, cebolla larga y paiteña, berros, todo crudo y para completar se ponga perejil al gusto, -al gusto ya estoy hecho un perejil-; y por si faltara algo, para acostase ingiera lechuga con leche para que le dé sueño, ¡ya basta!, a estas alturas solo rumeo y no logro conciliar el sueño.

Día Jueves 26 de marzo del 2020 del año del Señor

-“Anochece y amanece no acaba de amanecer, qué tristes cantan los gallos, viendo mi amor padecer. Ya ves, ya ves, ya ves que me muero ingrata, por qué, por qué, por qué no curas mi pena, jamás, jamás, será mujer buena la que insensible, me mata. Si es que me quiere mi guambra que me venga a ver, a eso de la media noche o al amanecer”-, canción popular ecuatoriana que me cae como anillo al dedo; cual zombi paso frente al televisor, abiertote los ojos sin mirar las películas de sangre y terror porque me asustan; recorro los canales como autómata, presagio de un encierro “laaargooo” tal lo miden la distancia nuestros congéneres manabas.

Por fin, los informativos no se refieren sobre el covid-19, sino respecto a un asteroide llamado 2020FLZ que ha pasado cerca de la Tierra hace apenas cuatro días; me pongo a cavilar sobre este cuerpo celeste rocoso y me pregunto: ¿por qué no se paró un ratito en el Ecuador y dio llevando a la estratósfera a los asambleístas y al jerárquico superior del Gobierno con todo y silla de neumáticos para que se pongan de acuerdo en los verdaderos intereses de la Patria en estas hora de desolación? Es como pedirle peras al olmo. Inútil, imposible que se entiendan. Ni tan imposible, me decía mi tía Serafina con su sabiduría intacta, cuando de dinero se trata todo se arregla, querido sobrino.

Se difunden rumores sobre la manera como se expandió el contagio en Guayaquíl. Dicen que fue a partir de una fiesta familiar de donde surgieron los primeros casos de coronavirus en el Ecuador, a la vez, llama mucho la atención en cuanto a las cifras que entrega la vocería del Gobierno Nacional a los medios de comunicación: que cien cadáveres se han recogido de las casas de Guayaquil en tres días; que es prioritario construir fosas comunes para los fallecidos por coronavirus. ¡Caramba, caramba!!, algo no encaja, quién oculta tan delicado tema; esto desmotiva aún más a los encerrados.

Para no pensar en lo dramático, mejor me pongo a planificar mi salida del día sábado, -tengo autorización de mi celadora-  para disfrutar a los tiempos de algo bueno, de mi Chigua. A lo mejor pensando que este paseo puede ser lo último que haga, valoro la riqueza que es la libertad, con la individualidad como mi principal baluarte. Ahora, ir a Chigua tiene el sabor de una aventura, cuando ayer nomás era la cuotidiana labor del campo, hoy restringida por el destino del azar, por una causa impredecible, compleja, sin plan previo y sin propósito, que supuestamente no estuvo direccionada en una relación de causa y efecto, ni es fruto de la intervención humana (así espero, amarillos súbditos del Kuo Ming Tang).

Hasta la próxima parada, dónde me deje el Tren Bala (O)