Día martes 17 de marzo del año del Señor.

Bienvenida.

Para los que existirán, con el pasar de los años o siglos encuentren en algún lugar del planeta Tierra o en la estratósfera esta narrativa que se desarrolla por las heredades de aguerridos panzaleos -¿seremos?- y en cuna de tacungas -esos sí, unos ‘hijues’- dentro del territorio ecuatoriano gobernado para ese entonces por Lenin, el criollo, sucesor del más mejor de los más mejores que han parido los montes, lugar donde las cabras se echaban la pera a vista y paciencia de sus súbditos por diez años; cuando mirando como da a luz la gallina clueca de mi tía Serafina, desde el oriente de ultramar, China, cuna de la seda y la pólvora, país comandado por un ‘democrático’ líder llamado Xi Jinping, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China y Presidente de la República Popular China, donde su población tiene unos gustitos para mandarse unos piscolabis de murciélagos, culebras, ratas y ratones. Aquí un descanso si me permiten estimados contertulios, ¡carajo!, por qué los chinos con gustos bucólicos dejando de cualquier pendejada debían comerse primerito a las ratas y ratones que en el zoológico de la política ecuatoriana hay por montones, ‘gratichis’ les donamos, hubiese alcanzado para satisfacer la barriga de los mil doscientos millones de rasgados y no llevarse el petróleo a precio de gallina enferma y contratos con sobreprecios y mal construidos; en idioma wantán “nos metielon el delo”.

Siguiendo con mi redacción que de seguro cambiarán los sobrevivientes de la pandemia a las futuras generaciones, pues contarán a su antojo las muestras de heroísmo tal lo hace el que está en la belga, apareció una peste llamado coronavirus o covid-19, el 1 de diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, China y el contagio después de su aparición se exportó cual mercancía de primera de nación en nación hasta llegar a nuestras comarcas trayendo muerte y llanto.

Los sesos de nuestras autoridades, más pequeñas que un koala, ni cortos ni perezosos imitando a los chinos nos aislaron, poniéndonos en cuarentena, tal decisión la advirtieron el lunes 16 de marzo de 2020, rigiendo el Estado de Excepción por Calamidad Pública a partir del martes 17 de marzo de 2020, por cuanto existían 58 casos, la razón, llegó el virus desde las Españas por el día del amor y la amistad el 14 de febrero de 2020, propagando rápidamente el contagio con 13 infectados y a esos tiempos se le consideraba ‘bajo moderado’ el nivel de riesgo.

Al caer las sombras de la noche del 16 de marzo, a las 18:15 luego de compartir el último tinto presencial en el mentidero con mis amigos inconstantes porque ahora lo realizamos por video tertulia con el sobresalto de que no oigan nuestras mujeres sobrevivientes, por eso se comadrea bajito, entré a mi caletita, y ¡oh sorpresa! Mi ñora y mi hija me salieron a recibir con besos y abrazos, ¡chucta, dije!, -lindo el encierro, parecido a un claustro de amor y santidad-. Hasta que amaneció el 17 de marzo y enseñado a madrugar a las 5:00 ya estuve despierto pensando desarrollar todas las tareas habituales, con suavidad me dijo mi consorte: -quédate un ratito más Luchito-, así lo hice, a las 8:00 me llamaron al desayuno, café con leche, pan de las Bonilla, nata, dulce, huevos revueltos, jugo de naranja y mis pastillas, -qué agradable va a tornarse el encierro-, quince días y regresaré hecho una bola, con más ánimo para camellar; en el transcurso de la mañana me puse a husmear los chats y a chatear, hasta que oí otra voz suave, la de mi hija: -¡Pipas! (porque así me dice mi nieto Julián), ya está servido el almuerzo-, ¡y qué almuerzo!, luego de zampar agencioso me arremangué las mangas de la camisa para lavar los platos a fin de responder con el agrado de la comida y, en coro las dos mujeres manifestaron que no me preocupe, que descanse, que ellas se encargaban de la limpieza, ¡mmm!, -¿será esta mi otra vida?-, -¿estaré saboreando mi jubilación?-, -¿ya estaré chocho?-, qué bueno, por fin disfruto de mi largo trabajo que desarrollé a través de mi existencia.

Más tarde a ver una serie, Los Templarios, para ir templando los nervios de lo que va a venir, luego a leer filosofía de Pitágoras esperando no hacerme nudo en las cuentas del espíritu y la razón, y a la tarde un cafecito con pan de agua y ver noticias que a esa fecha 17 de marzo causaban poca preocupación, para al rato estar una vez más planchándole a la oreja.

Hasta la próxima parada, donde me deje el Tren Bala.(O)