Durante 12 años milité en el Partido Social Cristiano con plena convicción de que sus estatutos (escritos en 1951) podrían ser actualizados y sin perder su esencia reivindicar esa tercera vía, la de la economía social de mercado, frente al capitalismo y comunismo salvajes que se proponían en plena Guerra Fría, cuando Don Camilo Ponce Enríquez decidió iniciar un partido político que se abra espacio con la disidencia conservadora entre socialistas, comunistas y liberales.

            En esos mismos 12 años conocí a caballeros y damas de la política nacional, gente con convicción y conocimiento y claro, uno que otro oportunista que bajo el lema “es que a mí me caía muy bien León y ahora Nebot”, fueron captando espacios de representación en el partido e incluso llegaron a ser electos y obvio, a otros que con la misma alharaca, no sacaron “ni para las colas” en una elección, luego en dos e incluso después en tres.

            Uno de esos caballeros de la política fue Pascual del Cioppo Aragundi, Presidente Nacional del Partido desde inicios de siglo, un hombre de convicciones plenas y definidas en todos los aspectos, pero demócrata, capaz de encausar a “potros salvajes” como yo en la disciplina partidaria y con la cualidad inmensa de saber escuchar, respetar la opinión ajena y aprovechar las potencialidades de antiguos y nuevos líderes que convivimos en tanto tiempo en el PSC.

            La semana pasada Pascual decidió irse de la Directiva Nacional del partido, dejando un legado de aciertos y errores de 2 décadas, luego de haber sido Diputado, Jefe de Bloque y perseguido político y jamás haber renunciado a su militancia o dirigencia no obstante los difíciles momentos que vivimos en la reinscripción del 2009, cuando nadie se acordaba ni de León, ni de Nebot, ni colaboró para recoger una sola firma.

            Pascual se va para que no lo boten, o al menos así lo leo yo, se dijo en las últimas semanas que socialcristianos que acepten un cargo en el gobierno de Lasso serían expulsados ¿pero no fue el mismo PSC el que lo apoyó? ¿No se resintieron en Cotopaxi cuando los bajaron del camión (porque no fue camioneta) cuando llegó Lasso a la provincia? ¿No organizaron una caravana paralela para “medir fuerzas”? No lo digo yo, las redes nos lo recordarán siempre; Pascual se va porque su valía trasciende la disputa partidaria y entendió que no puede estancarse ante una propuesta hecha por el nuevo mandatario en la disputa de líderes que no consiguieron lo que querían; Pascual se va, porque el Ecuador está por encima de las pugnas.

            La salida de Pascual es sin duda un golpe fuerte para el Partido Social Cristiano, pero a la vez es el momento perfecto para decidir qué harán en adelante, si se renovarán y actualizarán, o si permanecerán indemnes en una cabaña que de a poco se va quedando sin piso, no ideológico, sino de enganche con la nueva generación de votantes, la salida de Pascual tiene que ser la oportunidad para remozarse, para crear, para construir, para mejorar.

            Al Partido Social Cristiano le hacen falta democracia interna, formación de cuadros, amplitud de ideas, renovación de propuestas y conexión con temas de interés “actuales”, al PSC le hace falta entender que la política cambió y que es necesario cambiar para estar “en onda” y hoy tienen la oportunidad de ello, reorganizarse sin dividirse, reconstruirse sin olvidarse de su origen, renovarse sin dejar de lado la propuesta de la tercera vía, dejar de ser radicales y empezar a tender al centro. (O)