El metano es un gas incoloro, inflamable y no tóxico, existente en el Planeta que se libera en multitud de procesos naturales y artificiales como la descomposición de la materia orgánica, en los humedales, en la ganadería; son las principales fuentes que emiten metano a la atmósfera, donde actúa como gas de efecto invernadero. El metano es además uno de los principales componentes del gas natural, que es parte de los incendios de biomasa en bosques tropicales y sabanas; se considera un gas de efecto invernadero relativamente potente que contribuye al Calentamiento Global del Planeta, por cuanto tiene un potencial de calentamiento superior al dióxido de carbono.

Por primera vez, el Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), describe la importancia de reducir en forma urgente las emisiones de metano en algunas actividades humanas, que han seguido creciendo hasta alcanzar altas concentraciones en el 2019. Los científicos que redactaron el informe dicen que el aumento se debe principalmente a los combustibles fósiles, la ganadería -que según datos de la FAO, cada año todas las vacas del planeta liberan a la atmósfera alrededor de 100 millones de toneladas de metano- y desperdicios de la agricultura.

El metano es importante porque, aunque no permanece en la atmósfera en la escala de tiempo que lo hace el carbono, tiene 80 veces el poder de calentamiento global del dióxido de carbono (CO2). Aproximadamente una cuarta parte de todas las emisiones de metano se debe a la actividad humana, y gran parte está relacionado con la industria del petróleo y el gas.

La Agencia Espacial Europea (ESA) dijo el año pasado que hay alrededor de 100 fugas de metano de gran volumen en todo el mundo, aproximadamente la mitad de ellas en regiones vinculadas con el petróleo y el gas, la minería del carbón y otras industrias pesadas. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático hizo sonar las alarmas cuando publicó un informe muy esperado, señalando la necesidad de una acción inmediata a medida que el calor, los incendios forestales y otros impactos climáticos se vuelven más amenazadores. 

Identificar las ubicaciones precisas y la cantidad de metano involucrado significa que el problema se puede abordar en lugar de permanecer invisible; y tal acción le da a la Tierra una oportunidad de luchar contra el calor extremo y sus efectos, porque no se puede administrar lo que no se puede medir.

Al igual que con el dióxido de carbono, las actividades humanas están aumentando la concentración de metano en la atmósfera más rápido de lo que se esperaba, a esto se suma la capa de suelo permanentemente congelado en las regiones muy frías del planeta, conocido como permafrost que, con el calentamiento del mar, podría liberar a la atmósfera enormes cantidades de metano que dispararían el efecto invernadero.