Un argot popular decía, cuando la fiesta brava era el centro de las fiestas de Quito, que cuando saltaba el primer toro al ruedo ¡SE ACABABA EL AÑO!. Los astados ya no pueden saltar al ruedo en el Distrito Metropolitano de Quito, por un quite político del gobierno de ingrata recordación. Pero San Isidro Labrador los acoge en su coqueta plaza de Locoa y es así como las “fiestas de Quito” se encienden desde la ciudad pensil de Los Andes, Latacunga. El primer toro ha saltado al ruedo un cinco de diciembre y podemos afirmar que, para fines prácticos, EL AÑO SE ACABA.
La capital de los ecuatorianos cumple 485 años de feliz existencia desde su fundación española en 1534, lo cual nos acerca a 15 cortos años de cumplir 500 años de vida. Son palabras mayores y corresponde prepararnos en debida forma para estar a la altura de nuestra bella capital. Más aún, en este AÑO DEL BICENTENARIO de emancipación política de Latacunga, nos impone la obligación de evolucionar como sociedad. Estos eventos son una invitación a pensar en nuestra convivencia, para actuar sin más demora y prepararnos.
La fiesta popular ha estado en nuestra sangre desde el inicio de la civilización. Está en nuestro subconsciente. La forma de expresar la alegría que llevamos dentro, es muy variada. En el Ecuador, son múltiples las expresiones populares que se llenan de colorido, ritmo, música, gastronomía, bebidas, deportes, juegos pirotécnicos, bailes y más. La fiesta brava ha estado entre nosotros formalmente, por más de cincuenta años, trayendo consigo todo lo que la rodea en la Madre Tierra, como el flamenco, las sevillanas, los pasodobles, la paella, el cante jondo gitano, las castañuelas, la bota, el sombrero Cordovéz, las picadas, el vino y muchas otras manifestaciones que alegran el espíritu.
Picados por este ambiente de camaradería y jolgorio, jóvenes y viejos buscaban su espacio y excusa para armar una farra “a su manera”, y es así como se desarrollaron muchas expresiones culturales populares para todos los gustos. La sumatoria de todas esas aportaciones desde el espacio público y privado, logró construir una fiesta que atrajo a miles de propios y extraños, chagras y gringos hacia la Capital de los ecuatorianos. Como si eso fuera poco, terminada la celebración del 6 de diciembre, se armaba el árbol de Navidad, se empezaban a cantar villancicos y en pocos días a rezar la novena en familia, con vecinos y amigos para preparar el espíritu para la llegada del Niño. Cerraba el año, la quema del año viejo y la esperanza por un año mejor.
Ahora, la fiesta brava ya no está para encender los ánimos. Lenta y fríamente se ha empezado el “inicio del fin del año” en la capital. Mientras que ha saltado el primer toro en la Monumental de San Isidro y Latacunga ha dado por iniciadas las fiestas de Quito.
¡Nuestros pechos en férvido grito te saludan ciudad inmortal… Gloria a ti San Francisco de Quito, en tu historia muy noble y leal!
Al son del cachullapi, te bailaremos con corazón, añorando estar al pie del Panecillo, la Ronda y la Guaragua, para cantarte unas coplas heredadas del Piñufla Pérez, el Terrible Martínez. El Lluqui Endara y otros insignes “chullas quiteños”.
Hace más de cincuenta años, fueron los chagras querendones que visitaron la capital con los danzantes de Tigua para bailar y cantarle a la más hermosa capital. La historia se repite y por cosas de la política, lo hacemos ahora desde nuestra llacta. Que nuestro grito se escuche desde las faldas del Cotopaxi… este va por ti mi Quito del alma… ¡QUE VIIIVA QUITO! (O)