Uno de los legados más lindos que mi papito nos ha dejado es amar recorrer este maravilloso país en auto, conducir por Costa, Sierra y Oriente con la familia, es uno de los tesoros invaluables que tengo y que me hace cumplir a carta cabal eso de “a la tumba no nos llevamos nada sino solo lo comido y lo viajado” y los Barthelotti Iturralde sí que hemos comido y paseado un montón, cada hueca en la que nos reciben con cariño aún con el paso del tiempo, es la mejor muestra, pero de los manjares típicos de este país hablaré otro día.

            Hoy me concentraré en el sistema vial nacional, ya que por vacaciones y trabajo he tenido el placer de visitar algunos cantones del Ecuador: El Chaco, Tena, Baeza, Baños, Riobamba, Azogues, Cuenca, Loja, Catamayo, Cayambe, Ibarra, Atuntaqui, Atacames, Muisne, Manta, Guayaquil, Pallatanga y Portoviejo por mencionar algunos de los que fueron destinos frecuentes de mis jornadas laborales y de descanso y que hoy me permiten contarle estimado lector, algunas particularidades:

1.        Sin duda el sistema vial de la denominada “Panamericana” está en buen estado, el mantenimiento es permanente y las ampliaciones de las vías son realizadas con fluidez, desde luego EN EL TRAMO CONCESIONADO, es decir desde Rumichaca hasta el límite provincial entre Chimborazo y Cañar, si mi memoria no me es infiel son 8 peajes a lo largo de esa ruta en los cuales se cobra el valor de mantenimiento vial y los resultados están a la vista.

2.        Al terminarse el tramo concesionado EMPIEZA LA TRAGEDIA, el paso por el Cañar aterra, no hay señalización, hay huecos en las vías, la iluminación es inexistente y la cantidad de accidentes se multiplican.

3.        Llegamos al AZUAY (en la autovía Azogues-Cuenca) y volvemos a tener un sistema vial impecable, como dice mi hermano menor “Ecuador PREMIUM”, salimos de Cuenca hacia el sur y el camino a la bella, castellana y culta Loja es otra vez un desastre y si se empieza a recorrer la Centinela del Sur, los cráteres se multiplican; definitivamente los Alcaldes hacen las ciudades, pero “El Chato” ya no está y al nuevo burgomaestre lo veo muy “Bailón” y por eso no debe tener tiempo para dedicarse a embellecerla de nuevo.

4.        El camino al Oriente por Papallacta no está mal (también hay una parte concesionada) y hasta El Chaco hay un solo lugar donde por los deslaves y movimientos de tierra el asfalto no es de primera, conocer Baeza, Borja, El Chaco y Díaz de Pineda en ese orden es mágico, si puede hágalo.

5.        ¡Ay, pero la vía Costa! ¡Dios mío! Tomar la Alóag-Santo Domingo es una aventura, es más, deberían hacer un juego de Play Station inspirado en esa “pista”, los huecos, desniveles, ampliaciones inconclusas y las bermas y colectores de agua desaparecidos bajo la vegetación son incontables ¿Y sabe qué es lo peor? SE PAGA PEAJE, definitivamente los que se ufanan con que “tenemos carreteras” no saben administrar TODO lo que reciben al año para mantenimiento vial, llegar a Santo Domingo da algo de alivio, entrar a Esmeraldas, nuevamente miedo.

6.        ¿Y Manabí? Mejor no le cuento, los pasos elevados que se iban a hacer tras el terremoto (sí, así fueron las prioridades) están inconclusos, se están robando hasta las varillas de las bases de los mismos, las autovías no están señalizadas y las entradas rurales a las grandes ciudades parecen sacadas de una película de terror ¿Qué hicieron contigo Manabí?

Este relato de mis viajes me permite ratificar algo que se sabe y se dice en voz baja EL ESTADO NO ES BUEN ADMINISTRADOR, las concesiones viales son sin duda la solución para mejorar la calidad de nuestras carreteras y no solo eso, sino además acercarnos a los ecuatorianos que disfrutamos de este bello país por tierra, los que guardamos en nuestro corazón (y nuestra pancita) cada viaje, cada ruta, cada rinconcito de este gran Ecuador. (O)