¿Recuerda usted estimado lector el denominado ‘Efecto Lasso’ que se atribuyó a la elección en Segunda Vuelta de nuestro presidente? Según se nos comentaba a través de medios de comunicación y redes sociales, el solo triunfo de Lasso permitió que el riesgo país baje, que los inversionistas vuelvan a ver con buenos ojos a Ecuador y que incluso las posibilidades de generación de empleos crezcan en esos días; sin duda el ‘Efecto Lasso’ fue real y al menos en estos primeros dos meses de Gobierno, hemos visto como las cosas de a poco van mejorando (especial énfasis en el avance del proceso de vacunación).

Ahora bien, tal como Ecuador tuvo positivamente el ‘Efecto Lasso’, Perú está siendo azotado por el ‘Efecto Castillo’ y la primera evidencia de él fue el anuncio de Coca-Cola de cerrar sus fábricas y cadenas de producción en la nación inca y empezar a importar sus productos desde República Dominicana a partir del próximo año; junto a Coca-Cola, algunos analistas han establecido que desde el triunfo del profesor Castillo al menos 13 000 millones de dólares en inversiones han salido del Perú o han frenado su ingreso a ese país, es decir en cuestión de días, el Perú se detuvo por completo y el riesgo de una fuga de capitales (y con ello de empleos) es cada vez mayor.

                  ¿Y qué ha hecho el presidente Castillo para pararlo? Nada, o más bien, lo ha hecho todo para empeorar la situación, pues nombró un gabinete profundamente ideológico, con vínculos con el terrorismo que azotó al Perú a fines de los 80 e inicios de los 90, ese de Sendero Luminoso, el del MRTA, ese que secuestró rehenes y se tomó embajadas, ese que explotaba coches y promovía el comunismo ‘a la peruana’.

                  Además de eso en su Discurso de Posesión, coincidente con el Bicentenario de Independencia de Perú, el presidente Castillo hizo dos anuncios traídos de los cabellos: “en 72 horas todos los extranjeros delincuentes que hay en el país deben salir” y “en las mismas 72 horas todos los jóvenes que no estudien ni trabajen deberán hacer el servicio militar”.

                  ¿Y la presunción de inocencia? ¿Y el debido proceso? ¿Y las garantías procesales? ¿No sabe el presidente Castillo que la declaratoria de responsabilidad penal se da tras un proceso? ¿No sabe que aún los sindicados por presuntos delitos tienen derecho a defenderse? ¿No sabe que está prohibida la discriminación por nacionalidad, tanto en la Constitución Peruana como en los Tratados Internacionales? Y respecto a los jóvenes ¿y su libertad de elegir?, ¿y los ciclos escolares?, ¿y la profesionalización del ejército? Al parecer el ‘Profe Castillo’ no le enseñaron principios constitucionales, libertades individuales, Derechos Humanos, ni los más elementales conocimientos del Estado de Derecho.

                  ¡Claro! ¿Cómo le iban a enseñar eso si lo único que desea es cambiar la Constitución ‘del Fujimorismo’? Castillo pertenece a ese grupo de líderes que piensan que las constituciones dan de comer, que la ideología soluciona el hambre, que el discurso contra el imperio genera trabajo; Castillo repite la cantaleta que ha demostrado que no mejora el bienestar, aquella que piensa que el Estado debe ser el dueño de todo, además de ser el gran repartidor, siendo que lo único que reparte es el hambre por la ineficiencia con la que administra la plata ajena, la plata de todos ¡Pobre Perú!

PD: Bienvenida la inversión al Ecuador, aquí los esperamos, queremos su dinero, sus industrias y los empleos que generan. (O)