Apenas estamos superando la pandemia, ya tenemos la reactivación de un virus que inquieta al país. Es un virus endémico para el cual no existe vacuna. Es la politiquería, que ha echado raíces desde que nos convertimos en República. Sus vástagos, la demagogia y el populismo, se esparcen por el mundo amenazando la democracia. Doloroso ejemplo vemos con terror en las Repúblicas que formaron la URSS, causando la muerte de inocentes civiles que no quieren depender de un Estado hegemónico. Las motivaciones del autoritario Putin se vinculan al interés de asegurar el apoyo ciudadano con miras a las próximas elecciones.
Nuestro país también sufre del mismo mal. Llevamos 10 meses de desaciertos en el Poder Legislativo. La composición heterogénea de la Asamblea, gracias a la manipulación de las cúpulas políticas, hace improbable la posibilidad de que se lleguen a acuerdos en beneficio del país. Se agrava la situación en año electoral, pues todos los Padres de la Patria toman decisiones calculando su conveniencia ante el electorado, dejando archivados los intereses de la Nación a la que le prometieron el Sol y las estrellas.
La capacidad de distorsionar la realidad por parte de los legisladores, es ilimitada. Con motivo de la tramitación del proyecto de Ley para Atracción de Inversiones, que propone las bases para atraer inversión privada bajo las modalidades de delegación de gestión y alianza público privada, se ha levantado una ola de reacciones desde casi todas las bancadas de oposición para convertir este proyecto en su “trofeo de guerra”, perjudicando a 17 millones de compatriotas que claman por la reactivación económica.
Con total desparpajo, obedeciendo un pacto silencioso, empiezan al unísono por calificar a este proyecto como “ley de privatizaciones”, para venderle al pueblo la falacia de que se quieren llevar los activos del Estado, como si estuviéramos en la tenebrosa década de despilfarro y corrupción que les ha llevado a la curul que ahora ocupan. Basta analizar con detenimiento las 112 páginas del proyecto, para entender la seriedad de la propuesta. Si bien no puede ser perfecta, esta debería ser analizada con inteligencia en el seno de la Asamblea, y los detractores deberían oponerse con alternativas que ofrezcan condiciones para atraer la anhelada inversión privada.
Del análisis de las cifras del presupuesto del Estado, es fácil deducir que no existen recursos para invertir en obra pública, mientras las necesidades de la población crecen día a día. Igual situación ocurre con los Gobiernos Descentralizados. Mirando el pasado, es evidente que se han destinado grandes recursos a inversión que no le compete al Gobierno Central, lo cual ha desviado ingentes recursos que debían haber sido dedicados a resolver las necesidades primarias de los habitantes de nuestro territorio, como salud, educación y seguridad. Las aventuras de empresario emprendidas por el Estado han fracasado y ya no existen recursos para continuar por ese sendero.
La propuesta de atraer inversión privada para que supla la inversión pública, es muy válida. Esta nueva manera de resolver la necesidad de dotar de los recursos necesarios para la obra pública, ha sido implementada por más de veinte años en Canadá, con mucho éxito. Ecuador ha implementado exitosamente algunos proyectos bajo esta modalidad como el aeropuerto de Tababela, la carretera Panamericana, el puerto de Manta y Puerto Bolívar.
Los asambleístas han sido elegidos para dar soluciones a los problemas que nos tienen estancados, dejando atrás sus intereses personales y de grupo. El 77 % de desaprobación de la gestión, grafica el descontento nacional con su pobre gestión. Aún les queda la posibilidad de rectificar su accionar. Decidan su voto con la mano en el pecho.
¡MÁS VALE TARDE QUE NUNCA! (O)