No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, dice un viejo refrán. Feliz realidad, aplicable en el campo político. El flamante Consejo Nacional Electoral ha convocado a elecciones seccionales para el 24 de marzo de 2019. Con lo cual daremos por terminadas las gestiones de alcaldes, prefectos provinciales, concejeros municipales y miembros de juntas parroquiales. En muchos casos, ha sido un sufrimiento desgastante de la democracia, que parece haber durado una eternidad, cuando han transcurrido cuatro años y medio de gestión. El pueblo también se equivoca, en especial ante las promesas falsas de hábiles politiqueros con vocación de mercachifles que, con su lengua viperina, prometen el oro y el moro, ocultando la verdadera intención de resolver su propia situación y la de sus allegados, que se vuelven sus fanáticos.
Es muy penoso ver la resistencia que oponen algunos de los más avezados funcionarios de elección popular para irse a su casa. Hay algunos obsesionados por reelegirse, sabiendo el descontento que han causado en sus electores. Más bien, han profundizado su habilidad de presentarse como inocentes, perseguidos políticos, negando toda responsabilidad en la pobre, y muchas veces nefasta, gestión a cargo de los escasos recursos económicos del pueblo. Es increíble ver el cambio de actitud entre el período de campaña que les llevó a la función, muy distinta de aquella que tuvieron durante estos años de actuar como dueños y señores de un feudo en el que su sola voluntad se imponía, contrariando normas constitucionales y legales que les obligan a someterse a la participación ciudadana; para volver a adoptar el papel del inocente dócil mandatario de su pueblo, que solo vive para servirle, con “gran sacrificio” y ofreciendo cuanto quiera escuchar el empobrecido pueblo.
Las soluciones de los grandes problemas seccionales han sido pospuestas por los cinco años que se completarán en mayo 2019, con esperanza de inaugurar un nuevo período de cinco años. Es ahora el momento de reaccionar como ciudadanos, para impedir que nuevamente caigamos en manos no deseadas. Tenemos la oportunidad de madurar políticamente para no cometer los mismos errores que, desde hace varias administraciones, impiden el desarrollo y la consecución de un mejor nivel de vida para los habitantes. Individualmente, seremos responsables del uso de nuestro voto, que puede cerrar el paso a nefastos actores políticos que acechan en la obscuridad para asaltar la función pública y hacer burla de las normas constitucionales y legales, en su propio beneficio.
Los discursos patrioteros y manipuladores de la verdad, estarán a la orden del día hasta que lleguen las elecciones. Los candidatos que pretenden volver a ser elegidos competirán, en muchos casos, para demostrar la capacidad de esconder la verdad y justificar la injustificable falta de cumplimiento de las promesas, que se llevó el viento. Cambiarán su apariencia, su tono de voz, ocultarán su actitud irascible que tuvieron mientras ocupaban el puestito, y harán todo cuanto sus asesores de imagen, pagados con dinero del pueblo, les instruyan. No tendrán empacho en poner en OFERTA al mejor postor, todo su dudoso patrimonio político. Las alianzas estarán abiertas hasta para el mismo demonio. De ser necesario, cantarán, bailarán, reirán y representarán el papel que más se ajuste al ideal ciudadano. Todo, hasta conseguir el ansiado “votito”. Los candidatos principiantes harán algo similar, pero sin la destreza de sus contrincantes.
Raro, pero deseable, será aquel candidato que se presente tal cual es, con un plan de trabajo construido con visión futurista, que sea ejecutable con auténtica transparencia, honestidad, eficacia y eficiencia, direccionado por la participación ciudadana, de una manera protagónica.
¡DÉJENLOS QUE SE VAYAN!(O)

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