El presidente Lenin Moreno será el portador del regalo de Navidad que el Gobierno Chino ha tenido a bien concedernos, con motivo de su visita para presentarle un saludo del pueblo ecuatoriano, ya que no podemos enviarle un obsequio. Oportuno el préstamo que nos conceden, en plata contante y sonante, pues gracias a eso nuestra nunca bien ponderada burocracia podrá recibir el décimo tercer sueldo que les permitirá dinamizar la economía por el consumo que se generará. GLACIAS SEÑÓL XI JINPING, presidente de la República Popular China.
Es prudente analizar el significado de este salvataje financiero que nos hace el prestamista de última instancia del mundo. No existe otro Estado con liquidez suficiente y la predisposición de rescatar a un pequeño país lejano, con el que no le une nexos que no sean los comerciales. El crecimiento sostenido de su economía y un prudente manejo de sus finanzas, le ha permitido acumular la mayor reserva monetaria del planeta, que la mantiene en monedas fuertes, reconociendo la sub valoración de su moneda para mantener una ventaja competitiva que nos complica a quienes aspiramos venderle nuestros productos, mientras abarata la exportación de los suyos en perjuicio de otros.
La diferencia entre un buen banquero y un prestamista radica en que el banquero deberá decidir sobre el préstamo solicitado en función a la real posibilidad de que el deudor pueda cubrir el repago de capital y su costo financiero en los plazos establecidos, lo cual dependerá de la solidez y rentabilidad de la inversión. Mientras que el prestamista asegurará que la garantía que respalde la deuda sea amplia y suficiente para cobrarse, en caso de incumplimiento. Quien no tiene acceso al crédito formal, tendrá como última opción el recurrir a esta fuente inagotable de recursos, donde no se hacen preguntas sino se fijan altos costos, cortos plazos y sólidas garantías.
En el caso de la China, se ha convertido en el prestamista de última instancia de los países de nuestra región, a cambio de acceso a nuestros mercados, exportación de bienes y servicios chinos y participación en grandes proyectos en sectores estratégicos como energía eléctrica, minería, gas natural, obras de infraestructura y varios más. Ecuador ha sido cliente frecuente para muchos proyectos “llave en mano” que incluyen diseño, ejecución, provisión de equipos chinos y financiamiento. Los negocios en el mundo actual se hacen bajo la premisa del “dando y dando”.
Algunos de los proyectos ejecutados bajo este esquema de “reciprocidad” enfrentan problemas que van desde sobreprecios, mala calidad, malos diseños, es decir no están dando el servicio para el que fueron concebidos, mientras la deuda no se detiene y deberá ser pagada por todos los ecuatorianos. Caso representativo y muy preocupante es el proyecto Coca Codo Sinclair.
Para los empréstitos en dinero, se exige garantía con petróleo bajo una figura de colateral que exige depositar el dinero de las ventas en el banco que la República China tiene en el paraíso fiscal de Panamá, donde se dejan congelados unos fondos en calidad de encaje. Por lo que se aplica el proverbio que dice “lo barato sale caro”.
A pesar de esta realidad, el gobierno ecuatoriano ha debido recurrir una vez más a nuestro prestamista “amigo”, quien nos ha concedido un dinerito para salir del apuro, de la mano de una línea de crédito que solamente sirve para comprar productos chinos y seguramente, en reciprocidad, aceptamos algún compromiso para ser tolerantes frente a los problemas que atraviesan varios proyectos ejecutados por empresas chinas en el Ecuador. Acaso será este nuestro “legalito” de Navidad?
Paguemos el décimo tercer sueldo de la burocracia para una feliz Navidad y luego volvemos a la realidad.(O)

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