Ahora que se viene con toda la fuerza del caso la campaña electoral con miras a las elecciones del 24 de marzo, los candidatos se han estado preparando para la mejor parte, en la que habrá discursos, discusiones y acusaciones por todas partes.


Se acercan los momentos más difíciles en los cuales participarán los que son y los que no son; los candidatos con el firme propósito de ganar votos para llegar a la prefectura o a la alcaldía de las capitales cantonales de la provincia.


Ahora es cuando se les va a exigir cuentas a quienes cumplieron algunas funciones públicas en diferentes instituciones del Estado, especialmente durante la década desperdiciada, en la que se cometieron una serie de abusos con marcada prepotencia.


También se exigirán explicaciones respecto a las actuaciones de ciertas autoridades, así como sobre algunas resoluciones y decisiones que se tomaron en contra de las grandes mayorías.


Ante esta realidad la gran mayoría se está preparando; los unos para ratificar sus acusaciones y los otros para defenderse y tratar de explicar sus actuaciones en un régimen que ha sido marcado por la corrupción, como nunca antes ha sucedido en nuestra historia.


Entonces, cuando se hace un repaso de lo que se hizo y lo que se dejó de hacer, aparecen varias perlas que deben ser explicadas; una de ellas es la construcción de la cárcel al ingreso a nuestra ciudad.


Resulta que los que tuvieron que ver directamente con esa construcción, aquellos que se hicieron de la vista gorda y aceptaron lo que les decía y ordenaba el prepotente presidente, ahora quieren lavarse las manos. Hay que tener cuidado.


Ahora nadie sabe nada, cuando eran gobierno gritaban a los cuatro vientos la obras de la revolución revolucionaria; ahora nadie se acuerda de sus actuaciones en favor de muchas obras como la señalada.


Ahora se habla de otros asuntos, de determinados trámites en los que se debieron haber presentado informes; hay que saber qué decían esos informes y si recomendaban realizar determinadas obras.


No importaba que esas obras se encuentren en zona de riesgo, el pueblo no puede construir en zona de riesgo; ellos sí lo pudieron hacer en base a la prepotencia y al autoritarismo del que hicieron gala.


Ahora como que se acusa a la Secretaría de Gestión de Riesgos, organismo del mismo gobierno del presidente que está lejos, en el ático. Entonces la responsabilidad ya no es de ellos, es de esa secretaría de Estado.


Olímpicamente quieren lavarse las manos, como que el pueblo se va a olvidar de sus actuaciones, quienes entregaron los permisos y las autorizaciones para edificar. Se llegó a decir que la cárcel nos traerá progreso y desarrollo; es decir ahora ya no quieren explicar lo inexplicable. Ahora ya no se acuerdan y buscan otros responsables.(O)