Pasillo

En homenaje al gran cantante popular ecuatoriano Julio Alfredo Jaramillo Laurido, nacido el 1 de octubre de 1935, se crea el Día del Pasillo Ecuatoriano. Jaramillo fue el más grande embajador de la música ecuatoriana en nuestro continente y en otros países del mundo, sus interpretaciones fueron alabadas y reconocidas por importantes  críticos musicales.

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Por varias consideraciones de carácter cultural y musical el 27 de septiembre de 1993 el presidente Sixto Durán Ballén, mediante decretó declaró Día Nacional del Pasillo Ecuatoriano, el 1 de octubre de cada año, encargando al ministro de Educación y Cultura, Eduardo Peña Triviño, de su ejecución.

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Jaramillo fue durante su vida el más popular intérprete del pasillo ecuatoriano y el permanente difusor de dicha música, constituyéndose en nuestro embajador artístico en Latinoamérica. Julio Jaramillo fue la voz romántica más popular de América.

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El cantante legó a su patria condiciones artísticas y humanas propicias y sensibles a las urgencias del canto consagrado del latir de la sociedad y a los anhelos de los pueblos y ciudades, metrópolis, centros de arte y los más profundos  sectores populares.

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Julio Jaramillo suscitó deleite en los oyentes y en quienes han escuchado y escuchan sus discos. Los países centroamericanos y de América del Sur escucharon el ascenso cromático de cada frase, los arpegios, la vocalización entrañable y la agilidad vocal.

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Con el pasar del tiempo su voz única ascendió con respiración, emisión y entonación para llenar el sentimiento de las personas que le escuchan. Viejas y nuevas rimas sacudieron el espíritu. El pasillo se agitó y seguirá agitándose en el alma del pueblo.

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En el libro Florilegio del Pasillo Ecuatoriano, su autor Alberto Morlás Gutiérrez, expresa: “El Pasillo que es romántica imploración de amor cuando vierte en sus notas, como una fuente abscóndida, el acompasado palpitar del corazón enamorado; que es susurrante queja cuando en sus melodías se estremecen las tribulaciones y el desencanto.

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Que es amargura hecha canción y dolor transformado en arpegios cuando la voz del cantante y el vibrar de la cuerdas interrumpen la tranquilidad de las noches, ese Pasillo es, sin duda, expresión genuina de nacionalidad”. Muchos pasillos resumen el carácter de los ecuatorianos en sus fortalezas y tristezas, en sus  angustias y necesidades.

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Morlás Gutiérrez señala además que: “El verso y la música, convertidos en una sola expresión de cadencia, elegancia y armonía ha sido en el Pasillo la más depurada forma de aflorar los estados emotivos, ya en la plegaria amorosa que se escapa de las cuerdas de una guitarra”.

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“Junto a una ventana, ya en la súplica con que el  llanto de un violín rasga la tranquilidad de las noches tropicales, en la esquina de un barrio soñoliento, ya en el reproche que un corazón herido deja escapar en la voz serena y melodiosa de un cantante criollo al pie de un balcón”.

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El Pasillo integra las mejores composiciones de los poetas. Siempre ha sido el verso y la música, los que unidos han generado armonía sensacional, en el amor y en el dolor. Basta una guitarra y una voz para que el pasillo sacuda las fibras más  íntimas del alma ecuatoriana.

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Poéticamente el pasillo surca los corazones y el espíritu en todos los  ambientes y hasta el lejano peregrino lo acoge tras los trópicos y las montañas. El pasillo tiene un recuerdo amoroso triste que sube a los labios y a los ojos fundiéndose en lágrimas. Todos hemos cantado un pasillo y nos sentimos transportados a mundos elevados, imaginarios y llenos de bellezas espirituales.(O)