Lo que está sucediendo en las cárceles del Ecuador es una bomba de tiempo ante la comunidad en general, están en riesgo permanente las vidas de los internos, de los guías y demás personal que labora en esos centros.


Recordemos que cuando se iba a construir la cárcel en el límite de Latacunga con Saquisilí, se decía por parte del presidente Rafael Correa que esa construcción iba a traer progreso y desarrollo para nuestra ciudad y su entorno.


Así dijo, sin ningún rubor. Como todos sabemos gente de nuestra ciudad le propuso al presidente de esa época el sitio en el que debía levantarse ese centro, que es donde ahora se levanta esa gran construcción.


Entonces esperamos el desarrollo y el progreso que no aparece por ninguna parte, lo que ha aparecido es la violencia y la inseguridad de la que somos afectados todos los habitantes de esta digna ciudad.


Se dijo -cuando se iniciaba la construcción- que ese centro sería un modelo de rehabilitación, que por fin iba a cambiar el sistema carcelario en el Ecuador y hubo gente que así lo creía, que así entendía.


No han pasado muchos años y las consecuencias están a la orden del día, los problemas se agudizan cada vez, no solamente al interior, sino también en el exterior en sitios que son parte de este sistema perverso.


Los crímenes, los asesinatos, la violencia, el tráfico de drogas, el ingreso de celulares y demás elementos, están a la orden del día en una cárcel de ‘alta seguridad’, como se decía.


Ahora se manifiesta que las autoridades, los guías y demás involucrados han perdido el control en las cárceles del país, la violencia y los muertos así lo demuestran; ahora se habla de suicidios, cuando casi todos saben que no es así.


Alimentar a cerca de cinco mil personas, tres veces al día, significa grandes cantidades de dinero y de productos y lamentablemente esos productos no se adquieren en nuestra ciudad, vienen de otras urbes.


Ese es el adelanto y progreso que nos ofrecieron. Hasta hace poco la alimentación para los internos llegaba de ciudades de la Costa, en esta ciudad nada se adquiría, los contratos de alimentación, por tantos años, han sido un negocio redondo.


Ahora la situación es incontrolable; el primer mandatario ha firmado un decreto por el que se declara en emergencia los centros penitenciarios, luego de los amotinamientos, los crímenes, los asesinatos y la violencia que se mantiene permanentemente.


Es de esperarse que en los próximo días, en las próximas semanas, cambien las cosas para bien, que se respeten los derechos humanos de los guías, del personal que labora en esos lugares y de los internos, que se ven involucrados en enfrentamientos entre grandes organizaciones delictivas. Y pensar que nos ofrecieron ‘progreso y desarrollo’.(O)