Los bienes no son de la Municipalidad, ni de ninguna institución u organismo público o privado, los bienes son de la ciudad y de sus habitantes, consecuentemente son parte de nuestro patrimonio.

Esos bienes son construidos, ejecutados con recursos de todos los habitantes de la ciudad, entonces todos tenemos una parte de esos bienes, que de ninguna manera son del alcalde o de los concejales.

Son de la ciudad, con todas las palabras. Son de todos quienes vivimos en este tierra bendecida, en este tierra llena de bellezas naturales y de manifestaciones culturales de alto contenido tradicional.

El cuidado de los bienes de la ciudad es una obligación de todos los que realmente le queremos a esta tierra que nos vio nacer, o que nos abrió las puertas para vivir en ella y aportar para su progreso.

Para el cuidado de esos bienes de la ciudad, siendo una obligación, es necesario que exista un alto grado de compromiso con la urbe; es necesario tener conciencia de lo que significa ese patrimonio que puede tener cien años o pocos meses.

Si no hay educación, conciencia, cultura y la predisposición de cuidar nuestros bienes, estaremos viviendo en una ciudad sin Dios ni Ley. Es compromiso de todos y así debemos enseñar a nuestros hijos y nuestro nietos para que tomen conciencia.

Además el sistema educativo tiene mucho que hacer en este campo, hay que enseñar a los niños y jóvenes que los bienes de la ciudad son un patrimonio de todos y consecuentemente hay que tomar conciencia para su cuidado.

Sin embargo, como de todo hay en la viña del Señor, lamentablemente existen seres humanos a los que poco o nada les interesan o les importan los bienes de la ciudad; para ellos existen otras expectativas, otros objetivos.

No fueron criados con ese sentimiento de pertenencia de los bienes de la ciudad; no fueron formados con el respeto a la cultura y sus bienes; que la ciudad tiene un pasado importante y comprometido con el país y su identidad.

Aparecen entonces, cada vez, seres humanos sin conciencia de lo que es el patrimonio, son verdaderos vándalos, seres humanos sin conciencia, sin respeto para los demás. Estas personas deben ser sancionadas con el máximo de la Ley, no hay de otra manera.

Que no pase como pasó cuando destruyeron el monumento a Sucre. Ahora se ha producido un verdadero ataque al Parque de las Réplicas, que está a punto de ser inaugurado, entonces se solazaron destruyendo algunos elementos importantes, son unos bárbaros, irracionales, violentos y crueles.

Ese daño es a la ciudad y hay que rechazarlo de manera frontal, hay que exigir que se investigue y se descubra a los autores para que sean sancionados. Este es un ataque a la ciudad, no a ninguna autoridad o dignatario. Latacunga no se merece este nuevo ataque. Reaccionemos en defensa de nuestro patrimonio, en contra de seres salvajes, violentos, despiadados y brutales.(O)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

16 + 13 =