Toda sociedad sufre permanentemente una serie de problemas e inconvenientes que las autoridades y los administradores de diversos espacios y sectores tratan de solucionar para ofrecer una mejor calidad de vida a la población.

En nuestro medio, desde hace ya varios años, vivimos en permanente zozobra, vivimos en permanente sobresalto, vivimos en permanente alerta, pues la situación es muy grave respeto de la inseguridad.

Este tema es analizado y debatido permanentemente, sin embargo no se encuentran los verdaderos caminos de solución a este tema tan delicado y que involucra a la comunidad en general.

Particularmente en un acto que debe merecer toda la atención a las autoridades competentes, a las diversas organizaciones de la ciudad y a los administradores de la urbe conjuntamente con amplios sectores de la sociedad en general.

Latacunga dejó de ser la isla de paz de la que se hablaba hace varias décadas; ahora es una ciudad invadida por la delincuencia en mayor o menor grado; tenemos una cárcel con cinco mil personas.

Esa cárcel -construida de manera inconsulta y con la complicidad de las autoridades de turno- ahora se ha convertido en la semilla de la inseguridad que azota diariamente a quienes vivimos en esta tierra.

Las autoridades y la Policía con seguridad hacen todo lo que pueden para combatir la delincuencia y la inseguridad, pero en muchos casos no cuentan con las herramientas adecuadas para enfrentar este grave mal.

Además, ahora que nos encontramos cerca de una campaña electoral previa a la elección de las autoridades seccionales, no hay propuestas claras y definitivas para combatir este grave mal.

No es el hecho de decir que voy a solucionar el problema de la inseguridad; es el momento de sentarse a la mesa para realizar un análisis profundo, un diagnóstico y proponer las posibles soluciones con la participación de toda la comunidad.

Nadie, absolutamente nadie, puede sustraerse de participar en estas acciones; es importante la participación ciudadana, caso contrario nos estaremos quejando en corto tiempo, de que hemos perdido la guerra contra la delincuencia y la inseguridad.

Como dice un dilecto amigo contertulio del parque, si tenemos en la cárcel cinco mil personas, que de ellas cuatro mil reciban una visita son cuatro mil personas más en la ciudad; no todos son de ese círculo del delito; habrá familias y detenidos que cometieron algún error y nada más.

Pero una gran mayoría son parte de ese submundo de la delincuencia; entonces llegan a la ciudad y luego de la visita, señalan que deben ir realizando alguna chauchita, aunque sea para pagar los pasajes. Esa es nuestra triste y dura realidad, a la espera de propuestas y soluciones concretas.(O)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

3 − 1 =