Uno de los valores más importantes de toda sociedad, de toda comunidad, de todos los países es -sin duda- la educación, la que permite superar los problemas y alcanzar un mejor nivel de vida.

Muchos pueblos que han sufrido grandes catástrofes, que han quedado devastados por grandes fenómenos de la naturaleza o por las guerras, han podido levantarse gracias a la educación, a procesos intensos de capacitación.

En nuestro planeta existen muchos ejemplos de pueblos que sufrieron los embates de la naturaleza o de catástrofes provocadas por el ser humano y quedaron destruidos, olvidados y desesperados.

El sistema educativo en todo régimen es el elemento primordial para alcanzar mejores niveles de desarrollo, de superación, de conocimiento y especialmente de un mejor entendimiento del mundo que nos rodea.

Además, la educación nos permite valorar lo que tenemos, nos permite ubicarnos en el tiempo y en el espacio; nos permite conocer de mejor manera nuestra sociedad y las formas de desarrollo.

La educación nos permite aprender a respetar y cuidar a la naturaleza, considerando que es la que nos provee de todo cuanto necesita el hombre para su subsistencia, para poder desarrollarse.

Nos entrega la naturaleza todo lo que necesitamos: agua, luz, fuego, tierra, elementos básicos para la sobrevivencia; consecuentemente debemos cuidar a la Madre Tierra, que nos provee de nuestros alimentos.

Además, la educación nos permite conocer quienes somos, de donde venimos y cuales son nuestros objetivos para poder desarrollarnos personalmente y desarrollar a nuestros pueblos.

Nos permite además conocer nuestra realidad, identificar nuestra identidad y proyectarnos en base al conocimiento ancestral, a la organización propia de comunidades grandes y pequeñas, alejadas e incomunicadas.

Es importante entender nuestra identidad, nuestros valores, lo que nos da la tierra y la comunidad, valorar lo que somos, qué nos han dejado nuestros antepasados y resaltar toda esa gama de conocimientos y acciones.

Ahora se habla de la gran migración del campo a la ciudad. Nuestro país hasta la década del 60 era eminentemente rural; ahora nuestro país es eminentemente urbano. No se atendió a la agricultura y ganadería, además de la producción como debe ser y por eso se provocan estos fenómenos sociales.

Si los gobiernos de turno hubieran cumplido con los sectores rurales, con las comunidades, si se hubiera entregado maquinaria, semilla certificada, un mejor sistema de educación y se habrían valorado los conocimientos ancestrales, otra sería nuestra realidad. Ahora se analiza este fenómeno desde el mismo sector indígena.(O)

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