La sociedad ecuatoriana, sus instituciones, su población y el Estado en general necesitan aún grandes cambios para poder salir airosos de más de una década en la que el autoritarismo se hizo presente y quiso mantenerse por siempre.


Se vienen dando algunos pasos, en unos casos correctos, en otros llenos de obstáculos, de sectores interesados y que no aparecen a la luz pública, están invisibilizados porque esa es la estrategia.


En la misma Asamblea se necesitan acciones concretas para lograr cambios que vayan desmontando la estructura que construyeron en la década pasada y que tenía como objetivo evitar las investigaciones y asumir cada vez más poder.


La mayoría de ecuatorianos nos damos cuenta de que durante la década desperdiciada, algunos ciudadanos que alcanzaron los más altos niveles del poder, tenían como objetivo que nadie les estorbe en el camino para hacer los más grandes negocios.


Ventajosamente, como no hay juicio perfecto, se van conociendo cada día más las ‘maravillas’ que hacían los cercanos colaboradores de Correa, quien sabía de todo, así lo demostraba en las sabatinas, aunque ahora se haya ‘olvidado’.


Uno de los más graves problemas que ha vivido el Ecuador en la última década es el sistema democrático, son las normas y leyes implementadas en el sistema electoral, que han afectado verdaderamente lo que significa la democracia.


Uno de los funcionarios de este gobierno, al inicio de esta administración dijo públicamente que los triunfos alcanzados en varias elecciones fueron un verdadero fraude; luego desapareció ese funcionario y no se ha investigado nada.


Se necesita -dicen algunos analistas y conocedores de estos temas electorales y democráticos- operar cambios a la Ley, cambios al Código de la Democracia, para democratizar el Ecuador y salir de la crisis que vivimos.


Esos cambios para reformar la Ley tienen que ver con una reforma profunda al sistema de partidos políticos; sin partidos políticos no hay democracia, mientras que el anterior régimen quería contar con un solo partido y más poder.


Reformar el sistema para la distribución de escaños en los diversos organismos; sea para la Asamblea, para concejales, para miembros de las juntas parroquiales, el método D´Hondt es un absurdo, es una aberración democrática.


Se señala que debe producirse un verdadero fortalecimiento de los partidos políticos; debe exigirse requisitos más estrictos para participar en una contienda electoral; garantizar una verdadera representación de minorías.


Debe haber un verdadero control del gasto electoral y exigir que los candidatos den a conocer el nombre de quienes financian sus campañas; debe existir una verdadera paridad de género; establecer un estricto registro de afiliados, entre otros aspectos que se deben considerar si queremos realmente vivir en democracia.(O)