Vergüenza

Correístas y morenistas -quienes aparecen en el día a día como contrarios políticos- se critican unos a otros y se responsabilizan de la triste situación del país, pero a la hora de la verdad se unen para hacerle el mal a éste y no respetar lo que piensan las mayorías.

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Así actúan quienes dicen que ”le han salvado al país”, cuando la realidad es que casi le desaparecen a nuestro lindo Ecuador, negando el derecho de la mayoría a rebajar el número de asambleístas, a eliminar el famoso Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.

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Una nueva vergüenza de la Asamblea Nacional, una mancha más al tigre y no pasa nada; asambleístas que están de salida haciéndole el juego a unos cuantos desorientados que lo único que hacen es fortalecer sus intereses.

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Que lo único que hacen es desarmar a las instituciones que  están llamadas a cumplir y hacer cumplir la Ley, instituciones  llamadas a investigar el latrocinio de los últimos 14 años; seguir los procesos respectivos y sentenciar a los culpables.

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Esta Asamblea, lamentablemente, frente a los ecuatorianos tiene menos del 5% de credibilidad y sin embargo trabaja para sus intereses, para los intereses de algunos asambleístas y sus grupos políticos, a fin de no perder las canonjías.

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En esta Asamblea de vergüenza, más del 60% de sus miembros tiene procesos por los que deben ser condenados, han incumplido las normas establecidas y dedicaron gran parte de su tiempo en cobrar diezmos, obtener los carnés de discapacitados y mucho más.

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Los correístas y morenistas -que aparecen en público como totalmente contrarios- en la asamblea se volvieron a unir para impedir que se aprueben los cambios a la Constitución que se venían gestionando desde hace algún tiempo por el Comité por la Institucionalización Democrática.

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Para el efecto, hace varios meses se recogieron más de 300 000 firmas para ingresar el proyecto de Ley y lograr una Asamblea o Congreso  bicameral; para que la Fiscalía tenga total independencia, así como la Contraloría. Nada de eso les importó.

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Con la negativa de las reformas constitucionales, éstas no pasarán a un referéndum constitucional. En las anteriores reformas constitucionales aprobadas por esta Asamblea se determinó que las reformas se aprobaban por mayoría simple, 70 votos, ahora se les ocurrió que deberían  tener 90 votos para aprobar esas reformas. Dos criterios para el mismo trámite.

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Lo que nos demuestra claramente que lo que se hizo es legislar para algunos grupos políticos y de presión; hace varios meses las reformas podían aprobarse con 70 votos, ahora -cuando no les conviene- se necesitan 90 votos, así se actúa en ese organismo casi sin credibilidad.

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Tampoco se pudo aprobar que la Asamblea se encargue de la designación de las  autoridades de control, de la Fiscalía, Procuraduría, Contraloría, superintendentes, defensoría pública, miembros de la Judicatura, del Consejo Nacional Electoral y Tribunal Contencioso Electoral.

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 Está claro, menos de 70 personas -muchas de ellas cuestionadas- están por encima de millones de ecuatorianos que se han pronunciado de acuerdo con las reformas constitucionales; esta situación debe llegar a las instancias democráticas respectivas. Las generalizaciones no son buenas y debemos aceptar que existen algunos asambleístas honorables, honrados y democráticos.