Las cosas cambian según el cristal con el que se las mire, así decían los mayores respecto a las condiciones del ser humano para mirar los hechos y los acontecimientos de acuerdo a sus propios intereses y de los demás.

No es menos cierto que los hechos y acontecimientos tienen un antes y un después, la acción y la reacción; para unos son de una calidad y para otros son de otra calidad; es decir cada quien ve lo que quiere ver.

Son asuntos muy difíciles de explicar, pues de por medio están los intereses humanos; están los intereses de las personas y las consecuencias que acarrean -según los casos- para la actualidad y para el futuro.

Cuando el ser humano ve solamente por un camino, por una dirección y no se da cuenta de que pueden haber diversas interpretaciones y lo que él piensa no es la verdad absoluta, las cosas tienen otras convicciones.

En nuestro país, en la última década se produjeron hechos y acontecimientos que dejaron marcas en la historia política y administrativa del Estado y que no podían permanecer por siempre, aunque eso es lo que querían los gobernantes de turno.

Un ejemplo de lo que acontece es el hecho de que las cosas que se creían consumadas y demás, no han sido así, hay casos que se han abierto una vez más por diferentes motivos, cuando los gobernantes de turno las daban por terminadas.

Es el caso -por ejemplo- del 30-S, fecha en la que el mandatario de turno llegó al cuartel de Policía a tranquilizar a sus miembros ante algún reclamo y protesta que estaban realizando en diversos sectores.

Las cosas pasaron a mayores, el presidente retó a los policías enardecidos, que le maten, “aquí estoy, mátenme”. Situación que derivó en otros acontecimientos que fueron seguidos por el país y en el exterior.

Enseguida se habló de un complot para destituirle de la presidencia, que ha habido una conspiración, que querían terminar con la revolución ciudadana; pero nunca se dio nombres de quienes estaban al frente del complot.

Tampoco se dieron los nombres de quienes estarían al frente del nuevo régimen, si se lograba derrocarlo. Entonces el primer mandatario, cada vez que podía señalaba, “prohibido olvidar”. Con el 30-S nadie se mete.

Hubo mucha gente enjuiciada, sancionada y encarcelada; policías acusados y encarcelados, algunos civiles acusados de sediciosos y sancionados; la justicia o mejor dicho los jueces estuvieron ágiles para seguir los juicios y emitir las sentencias.

Cómo han cambiado las cosas. Ahora parece que los hechos no han sido como nos dijeron desde hace ocho años. Ahora el pueblo dice prohibido olvidar, dirigiéndose a quien está lejos y no se acuerda de nada. Las cosas son de acuerdo al cristal con el que se mire. Lo de ayer no es lo mismo que lo de hoy.(O)

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