Los problemas de nuestra ciudad se van agudizando sin que encontremos un norte que nos permita ver la luz al final del túnel y de esta manera sentar las bases para un verdadero progreso y desarrollo.

Las cuestiones no son pasajeras, son asuntos de profunda reflexión que deben ser considerados en el marco de las autoridades, los sectores sociales, los cuerpos profesionales, la Policía y otros organismos.

Vivimos una situación crítica como nunca antes ha sucedido en la historia de esta ciudad, que en un tiempo era tranquila y franciscana, era la ciudad de todos y para todos; era la ciudad de la seguridad y la limpieza, de la amistad y la buena vecindad.

Cuando hace varios años -en el tiempo de la revolución revolucionaria y de la década desperdiciada- se planteó, como una orden sin espacio para el reclamo o el análisis, la construcción de la cárcel, hasta se llegó a decir por parte del mandatario que esa construcción traerá adelanto y desarrollo.

Y se hizo la cárcel y entró en funcionamiento la cárcel y llegaron a esta cárcel los delincuentes más avezados, de alta peligrosidad y de baja peligrosidad, de todo, como en botica.

Y las autoridades de esa época, ustedes recordarán, se hicieron de la vista gorda, nadie sabía nada y decían que los periodistas vayan al Ministerio de Defensa a informarse sobre este tema.

Las autoridades de esa época no actuaron a favor de la ciudad y la provincia, a las que decían defender y buscar su adelanto; no señores, actuaron a favor de la revolución revolucionaria y su inconsulta construcción de una cárcel de alta seguridad.

Y prohibido olvidar, hay que estar atentos para que siempre recordemos quienes fueron los que actuaron de espaldas a la ciudad y a la provincia, de espaldas al pueblo y a sus instituciones, a su historia y a su pasado.

Y como todos sabemos esa cárcel lo que nos ha traído son más y más problemas, se ha posesionado la delincuencia en los mejores espacios y los afectados -en la mayoría de los casos- no reclaman ni denuncian.

La inseguridad está latente a pesar de los esfuerzos que hacen las autoridades, la delincuencia se pasea, ronda por las principales calles y avenidas, lista para actuar al primer descuido de hombres y mujeres de esta tierra que fuera tranquila y segura.

Todos los días se conoce por las informaciones de los medios de comunicación, por las redes sociales y por las conversaciones con amigos y parientes sobre los actos delictivos que se producen a cada momento.

Y la solución está lejos para que llegue, no es solamente la rehabilitación, es la educación, es el ejemplo. Los delincuentes que están en esta cárcel son visitados por otros delincuentes, en la mayoría de los casos y antes de regresar van haciendo algún ‘trabajito’, aunque sea para el pasaje. ¿Y la seguridad? ¡Bien gracias!(O)

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