Aunque muchos no quieran reconocerlo por diversas razones, no hay duda de que el Ecuador -luego de las protestas y el vandalismo- ha quedado más dividido que en años anteriores, lo que causa muchos problemas.


Ante una de las más duras crisis que hemos soportado con tanta violencia, con tanto vandalismo, con tanta destrucción y con tanto terrorismo, lo que la gran mayoría esperaba es que las aguas vuelvan a su nivel normal.


Y de esa manera que fluyan los diálogos con todos los sectores, poniendo sobre la mesa los puntos más importantes para buscar salir de los problemas económicos, especialmente del gran endeudamiento de la década desperdiciada.


Buscando nuevos recursos sin hipotecar el petróleo para la próxima década, evitando más impuestos a los sectores de menores ingresos, garantizando que quienes más ganan paguen más impuestos y especialmente garantizando una digna jubilación a los adultos.


Se habla de focalizar los combustibles, especialmente la gasolina extra y el diésel, es una de las medidas que ha tenido algún respaldo entre la población y que deberá implementarse ahora o mañana, es una necesidad ante tanto desequilibrio.


Sin embargo, los diálogos no han dado los frutos que todos esperábamos, han pasado más de 30 días desde que se convocó a los diálogos y no hay mayores resultados, hay que esperar, es cierto, pero no hay en el horizonte señales de soluciones.


Además, se puede percibir en el ambiente que no hay la decisión, la buena predisposición para que las cosas marchen a favor de todos los ecuatorianos o por lo menos de una gran mayoría y aún seguimos pensando en nuestro grupo, en nuestros sectores y nada más.


Medidas que beneficien a las grandes mayorías no aparecen, quienes dicen luchar están dialogando para lograr beneficios para su sector, sin importar que en el Ecuador hay gente que no tiene para subsistir dignamente.


Y lo que es más, no existe en los más amplios sectores -peor aún en los grupos de presión- la voluntad para dialogar sin condiciones, para buscar el bienestar de la mayoría, para superar divisiones absurdas.


No hay un ambiente para un gran diálogo, en medio de las conversaciones se anuncian paralizaciones, como que se convierten en chantajes al régimen, no me dan esto, entonces paro; no está bien.


Es importante una predisposición de los dirigentes, de las autoridades, de los líderes, de los empresarios, de los trabajadores, de los maestros, para alcanzar concesiones, caso contrario nos acercamos a un fracaso.


En la Asamblea las cosas son de otra manera, son claras las posiciones populistas de la mayoría de asambleístas que siempre están nombrando al pueblo, pero no hay una ley que verdaderamente haya salido de la Asamblea a favor de las grandes mayorías. Rectificaciones y más diálogo para llegar a decisiones sabias y a favor de los que más necesitan. ¿Se podrá? (O)