En la convulsionada historia política del Ecuador, siempre se ha hablado de desestabilización, de golpear las puertas de los cuarteles, de pescar a río revuelto, de antidemocráticos, de golpistas y mucho más; esa es, aunque nos duela, una realidad.


Se ha seguido diciendo por décadas de desestabilizadores, de golpistas, de antidemocráticos, en las luchas políticas, en los procesos electorales y en las discusiones del congreso o de la asamblea.


Esos términos han sido reiterativos en los debates, en los análisis y en casi todos los foros, cuando se habla de nuestra historia y de la democracia, que es un bien no solamente del Estado, sino de todos quienes vivimos en este hermoso país.


Como siempre sucede en estos casos, para lanzar esos criterios y esas acusaciones de antidemocráticos y demás, casi nunca se han presentado las pruebas correspondientes, en ocasiones -como en la década desperdiciada- se investigaron hechos, acontecimientos, pero nada se descubrió, tampoco se sancionó.


Se montaron videos para hacer aparecer que existía un complot para asesinar al presidente de la década desperdiciada y además para desestabilizar la ‘democracia’ y tumbar al presidente que luchó para impedir la plena libertad de prensa.


En ese gobierno, el de la década desperdiciada, se hablaba de complot, se hablaba de golpistas y desestabilizadores del sistema democrático; se hablaba de querer tumbar al régimen y cambiar la famosa ‘Constitución de los 300 años’.


Mucha gente fue a parar a la cárcel, unos por haber estado -coincidentemente- pasando por el sitio de los hechos, otros por haber salido de su trabajo con dirección a su hogar ubicado cerca de los hechos, a la cárcel, señores.


Algunos pagaron con la cárcel por meses y años su inocencia, se acusaba sin ninguna prueba, se acusaba porque eran contrarios al régimen o les caía mal al que sabemos y no soportaba las críticas.


Se hablaba de golpistas y las cosas pasan porque deben pasar, al cabo de pocos años quienes hablaban de golpistas se descubrieron de cuerpo entero, ellos son los auténticos golpistas y cuando las cosas no salieron como planificaron enseguida buscaron refugio para evitar la mano de la justicia.


Entonces hay que decir claramente que no hubo gobierno más perseguidor que el de la década desperdiciada, inocentes que pagaron con la cárcel sin saber por qué. Gente que tuvo que pasar años en juicios para demostrar su inocencia y sin
embargo recibieron sanciones.


Ahora todos sabemos que hubo infiltrados, que hubo terroristas y que en determinado momento se esperaba botar al presidente, creando la anarquía para aprovecharse de la situación y exigir elecciones adelantadas.


Lo de la Contraloría es el más claro ejemplo. Ahora los verdaderos golpistas están escondidos en embajadas o han salido del país. Se descubrieron de cuerpo entero y les falló adelantar las lecciones para aprovecharse de la situación; poco a poco se va conociendo la verdad de los hechos.(O)