Para las actividades competitivas, los participantes y sus seguidores lo que más exigen es que los jueces -quienes van a dirigir esas competencias- sean lo más probos, sean justos, equitativos y por sobre todo llenos de ética y honradez.


Los participantes esperan que las decisiones de quienes dirigen estas competencias sean apegadas a la realidad, sean equitativas y por sobre todo no favorezcan a otras personas y de esa manera se beneficie a terceros.


En nuestro país, desde hace mucho tipo, como parte de los juegos democráticos, el sistema democrático participa frecuentemente en lides electorales, las que en ocasiones han estado marcadas por situaciones preocupantes.


En la actualidad nos encontramos cerca de iniciar un proceso electoral por el que se elegirá al nuevo presidente de los ecuatorianos y a los miembros de la Asamblea Nacional, en este evento se presentarán cientos de candidatos.


Mientras tanto, para nadie es desconocido que en el máximo organismo del sufragio, el Consejo Nacional Electoral, existen algunos problemas, existe preocupación en su interior por algunas resoluciones y por acciones que no se cumplen.


La titular de ese organismo del Estado “se salvó por muy poco” de un juicio político en el que se habrían conocido algunos problemas y posiblemente habría sido sancionada y consecuentemente debía dejar esas funciones.


Se salvó por cuanto varios votos le salvaron en la Comisión de la Asamblea que conocía este problema, esos votos fueron del partido de gobierno, fueron votos entre titulares y alternos de la Asamblea.


Además en esa ocasión se pudo verificar acercamientos ‘medio raros’ entre gente del partido Social Cristiano y la bancada de la Revolución Ciudadana o correísmo; estos ententes son los que no se explican.


Así las cosas, salvada la titular de la función electoral, al interior de este organismo existe una marcada división entre una mayoría de tres miembros y una minoría de dos miembros, que han denunciado algunos problemas.


Los integrantes de esa minoría han expresado algunos cuestionamientos en la forma de dirigir ese organismo y en las decisiones que se han tomado, lo que llama la atención, pues se cobija en una mayoría para justificar esas acciones.


Mientras tanto, un buen grupo de dirigentes políticos y posibles candidatos, ha expresado sus temores frente a ese organismo electoral que va a dirigir las próximas elecciones, no confían en el árbitro del juego electoral.


Se necesitará realizar un trabajo importante para volver a contar con la credibilidad necesaria para que los ciudadanos y los políticos confíen en ese organismo electoral; caso contrario el próximo proceso electoral estará marcado por grandes y pequeñas novedades; entonces, es de esperarse que la democracia no se encuentre llena de dudas y angustias.(O)