Uno de los problemas que vive nuestra ciudad y que redunda en las actividades propias de la administración y la entrega de los servicios, es la gran movilidad social que tenemos desde hace algunos años.

A nivel mundial la movilidad humana es un asunto que merece los más diversos comentarios, análisis, foros y encuentros a fin de encontrar los caminos que permitan satisfacer las necesidades de la población cada vez mayor.

Población que en su gran mayoría se concentra en las grandes ciudades del mundo, que llega en busca de mejores niveles de vida, de mejores posibilidades de desarrollo y mejores oportunidades de educación.

Un evento mundial se realizó en nuestro país el año pasado -el Hábitat 3-, en el que se analizaron varios aspectos relativos a la movilidad y a la organización de las ciudades y sus habitantes, que merecen atención permanente.

Hace más de cinco décadas en nuestra ciudad se pudo establecer un fenómeno de migración; muchos latacungueños salieron a la capital de la república para estudiar, progresar y asegurarse un futuro.

Muchos no regresaron, alcanzaron una profesión y se quedaron en la capital para lograr un puesto de trabajo y mejorar su calidad de vida y de su familia, con la seguridad de que la capital ofrece mejores condiciones laborales.

Otros latacungueños salieron haciendo caso a sus hijos, quienes les ofrecían mejores posibilidades de desarrollo; la capital ofrece muchas horizontes en el campo laboral, comercial, social.

Pero lamentablemente no ofrece paz y tranquilidad, la capital es una ciudad que se ha desarrollado tanto que para llegar al sitio de trabajo hay que viajar -en muchos casos- varias horas.

Ante esta realidad y luego del levantamiento indígena que se produjo en el año 90 del siglo pasado, nuestra ciudad comenzó a recibir una gran movilidad humana, llegada especialmente del sector Occidental, como Zumbahua, Apahua, Tigua, Chugchilán y otros.

Líderes indígenas que se involucraron en la política a tal punto que el Consejo Provincial, ahora Gobierno Provincial, ha estado administrado por indígenas desde hace cerca de dos décadas.

Lamentablemente, hay que decirlo con todo respeto, aunque nos duela, la mayoría de esa migración no se adapta a la urbanidad y cree que sigue en el sector rural, lo que causa algunos inconvenientes.

Considerando que el planeta Tierra ha dejado de ser rural y se ha convertido en urbano, así se refleja en nuestro país y en nuestra provincia, la plena convivencia entre estas dos vertientes es indispensable, respetando sus raíces y buscando el desarrollo y bienestar de toda la comunidad.(O)

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