Lo de Julián Assange es un tema que ha traído cola desde hace más de una década, no solamente en nuestro país, en el Reino Unido, sino en el mundo entero; para muchos es un asunto de Estado, para otros es un asunto de piratería informática.


Mientras hay sectores que critican la situación de Assange, lo que sucedió en la embajada del Ecuador en el Reino Unido, desde hace años, hay otros sectores -minoritarios por cierto- que critican duramente las decisiones del gobierno nacional.


Se puede leer en algunos editoriales de diversos diarios del país que “Ha concluido un episodio de vergüenza para el Ecuador, el asilo político otorgado en Londres, al delincuente informático, el australiano Julián Assange”.


Al respecto se comenta qué y quién es Assange, para un gran sector es un pirata informático; para otros -en base a documentos obtenidos de manera dudosa- se conoció de lo que hacen muchos países, especialmente Estados Unidos en diversas materias.


El delito de ataque a la integridad de sistemas informáticos, es penado con cárcel de tres a cinco años; en este caso está Assange y su amigo que ha vivido en el Ecuador por cinco años, Ola B.


En este caso el gobierno anterior se convirtió en defensor a ultranza de Assange, bajo el argumento de que protege el derecho a la libertad de comunicación de la que supuestamente hacía gala el pirata informático.


Esa libertad era promocionada internacionalmente, pues al interior del Ecuador el gobierno de Correa sancionaba a los 10 de Luluncoto; a los 29 de Saraguro; a los alumnos del Central Técnico o del Mejía, a los policías del falso magnicidio y a cientos de ciudadanos.


“Hemos olvidado que el gobierno de Correa necesitaba maquillarse de libertades frente a un contexto internacional que miraba mal al régimen ecuatoriano y que se empujó a recibir en asilo a Assange en el 2012”.


No podemos negar, a esta altura del partido, que el asunto de Assange ha provocado que en el Ecuador se hayan dividido los criterios y comentarios, unos a favor, otros en contra.


Quienes aplaudían al anterior presidente cuando rompía -en sus sabatinas- ejemplares de varios diarios, en clara manifestación de intolerancia a la libertad de prensa, ahora se bañan de libertad de prensa con el asunto del pirata informático.


Así son las cosas. Lamentablemente no hay una posición definida ante estos hechos y acontecimientos que han puesto al Ecuador, a su gobierno y a su pueblo en situación incómoda frente a amplios sectores internacionales.


A pesar de que se diga lo contrario por parte de analistas y politólogos, la cuestión de Assange no ha terminado, aún falta que corra mucho agua bajo el puente, poco a poco se conocerán nuevos hechos y la piratería que está latente en nuestro país con gente cercana al pirata informático que actúa en base a sus criterios.(O)