Un tema recurrente en nuestro país, desde hace varios años, es la Ley de Comunicación, su aplicación, las sanciones aplicadas y las sombras que se han tendido sobre la libertad de prensa.


En la década desperdiciada el presidente hizo todo lo posible para aprobar la Ley de Comunicación, que a pesar de tener amplia mayoría en la Asamblea se demoró varios años, precisamente por sus contenidos y las sanciones.


De todas formas fue aprobada la que luego se llamó ‘ley mordaza’ y comenzó el remezón en el país, en la ciudadanía, en los periodistas y en general en los medios de comunicación, que fueron combatidos y agredidos.


Por efecto de esa ley se crearon organismos e instituciones como la Senacom y otros, integrados con el único propósito de aplicar la Ley arbitrariamente, siempre en contra de los medios de comunicación y de los periodistas.


Y hay que señalar que las agresiones eran a los medios de comunicación y a los periodistas que no comulgaban con las ideas, las opiniones y las acciones de ese gobierno, el de la década desperdiciada.


Sanción tras sanción, insultos, groserías, agresiones de los más diversos calibres por parte de las autoridades y los funcionarios de esos organismos que se crearon con la Ley de Comunicación.


Las famosas ‘sabatinas’ del presidente que ahora está en el ático, fueron la más grosera representación de lo que un presidente puede hacer para mal de la comunidad, de la sociedad en general y en particular de los medios de comunicación y los periodistas.


Además se burlaban de las acciones que tomaban algunos medios y periodistas para denunciar estos ataques ante los organismos internacionales y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.


Para el exmandatario esa comisión no existía ni valía para nada, pues estaba orientada a determinado lugar. Meses después esa misma comisión sí valía y era mucho lote y fue a denunciar -el expresidente- sobre lo que llamó algunas violaciones de los derechos en su contra.


Bueno, el caso es que como todavía quedan algunos rezagos de esos fanáticos del correísmo y en el caso de la Ley de Comunicación siguen creyendo que la comunicación es un servicio público y no un derecho, quieren a toda costa mantenerla así.


A tal punto que al presidente que tramita las reformas a la Ley de Comunicación, el asambleísta Corozo , se le pasó, ‘sin querer queriendo’, ‘involuntariamente’ no haber cambiado los textos para garantizar que la comunicación es un derecho y no un servicio. Son, según Corozo, esos pequeños olvidos y descuidos.


Lo que debe haber es un verdadera reforma, echar al tacho de la basura algunos artículos ofensivos y especialmente aquellos que coartan la libertad de expresión y que impiden que ese derecho siga siendo como ha sido, libre y transparente.(O)